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Residente: “Estoy todo el tiempo pensando que no quiero hacer música”

by Marko Florentino
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Residente dice en su nuevo disco: “Me quiero despedir, pero no quiero”. No es la única referencia a una crisis que arrastra desde hace años. En sus canciones se ha hecho frecuente encontrar dos fuerzas antagónicas que compiten en un difícil equilibrio, sobre todo el pulso entre la necesidad urgente de expresión y el rechazo asqueado por la banalidad del circo de la música. Un montón de contrasentidos y de paradojas en permanente tensión: la mejor herramienta para lanzar la acción de una historia.

¿Has pensado alguna vez en dejar la música?
Sí, lo pienso todo el tiempo. Disfruto pensándolo. A mí me ha dado mucho y estoy agradecido, pero ahora mismo no me gustaría estar relacionado con la música ni con la industria musical. Por eso siento mi nuevo disco como una transición, porque después haré otra cosa bien distinta. A mí me gusta escribir, yo puedo quedarme sentado escribiendo un año, pero no me gusta irme de gira, treparme en la tarima, las fotos, las entrevistas… Todo esa mierda que tienes que hacer para vender lo que haces… La respuesta es sí, estoy todo el tiempo pensando que no quiero hacer música.

Es la una y media de la tarde y el rapero de Puerto Rico acaba de terminar de desayunar una crema de tomate, una pequeña tortilla de patata y una ración de croquetas. Vive en Nueva York desde hace más de una década, pero cuenta que Madrid le encanta y que viene a menudo. “Antes tenía más conexión con Barcelona. Fue allí donde se me ocurrió crear Calle 13 después de romper con una novia que tenía en la Universidad. Eso debió ser en 2003″.

En los videojuegos puedes elegir el personaje que quieres ser, del mismo modo que dentro de cada uno de nosotros conviven muchas personas, y unos días te sientes aventurero, otros días necesitas poner orden y a veces simplemente te apetecería soltar unas cuantas hostias. René Pérez ha sido muchos personajes en sus dos décadas de carrera, en general variaciones de un gamberro demente con ganas de camorra, de fiesta y/o de romance. Nos encanta ese personaje. Hemos escuchado sus canciones cientos de millones de veces, le hemos dado más de 30 premios Latin Grammy. Es el Residente, ya le conocéis.

Pero a sus 46 años, René siente la necesidad de mostrar sus sentimientos más íntimos y sus reflexiones más intensas. Nos habla con melancolía sobre sufrir ansiedad y depresión, sobre sentir nostalgia de una infancia humilde, sobre seres queridos que murieron y sobre querer morir. Sus canciones han sido el salvavidas de mucha gente, pero él no encontraba el modo de salvar su propia vida. Ese Residente no lo conocíamos.

Los dos Residentes, el sinvergüenza descarado y el hombre confuso y sensible, están en su nuevo disco. Se titula Las letras ya no importan, tiene 23 canciones y dura más de una hora y media: es un álbum literalmente gigante. En él hay un montón de temáticas y estilos, muchas ideas rompedoras de producción y hasta 16 invitados, entre ellos estrellas de la música urbana latina como Bizarrap, Rauw Alejandro, WOS, Christian Nodal, Arcángel o Vico C, y los artistas españoles Silvia Pérez Cruz, SFDK y la actriz Penélope Cruz, que recita un texto y protagoniza un onírico vídeo dirigido por el propio Residente en el Palacio de La Granja de San Ildefonso.

Residente, en el bar Pictura del Hotel Mandarin Oriental Ritz de Madrid.

Residente, en el bar Pictura del Hotel Mandarin Oriental Ritz de Madrid.

El Residente que más abunda en el álbum es el pendenciero ingenioso, pero el más interesante y el que probablemente marcará su futuro es el que se desnudó emocionalmente hace cuatro años en la monumental canción confesional René y que ahora extiende en otras piezas largas como 313 y Ron en el piso. Y a lo largo de todas las canciones y de todos los Residentes hay un tema que lo conecta todo: el tiempo.

“El tiempo me preocupa porque cada vez lo veo pasar más rápido”, explica despacito este rapero torrencial. “Estos últimos años perdí mucha gente que yo quería y valoraba. Dos primos hermanos que se criaron conmigo toda la vida, eran como mis hermanos, y murieron de sobredosis. Por otro lado, veo a mi hijo crecer y veo a mi mamá envejecer. Y yo también siento el paso del tiempo dentro de la industria musical. Eso me afecta. Cuando vi a todos los chamaquitos que están saliendo nuevos me di cuenta por primera vez de que yo ya estaba en otro lugar, que mi posición como artista había cambiado. Antes llamaba y me contestaban; ahora tengo que llamar tres veces. Eso pasa y se siente, y no es por ego, es que te das cuenta, cabrón, de que está pasando el tiempo y de que ahora es el momento de la gente que está saliendo y que tú tienes que adaptarte. Por eso el tiempo está ahí tan presente en el disco”, continúa. “Quizá la gente se hace consciente del tiempo desde los 30 años, pero como yo tengo déficit de atención siempre me he dado cuenta tarde de todo”, concluye sonriendo.

La preocupación por el tiempo es en el fondo la preocupación por la muerte. Residente lo muestra en especial en 313, una canción clave del álbum que aparece al principio, precedida por un mensaje de audio que le dejó su amiga la violinista Valentina Gasparini, que se suicidó en junio de 2022.

En René contabas que, sufriendo depresión, en una ocasión llegaste a pensar en el suicidio, estando en un hotel de México antes de un concierto, y en el disco vuelves a hacer referencias a aquel piso 25. ¿Que Valentina se quitara la vida fue doblemente doloroso para ti?
Sí, sí. Ella era una violinista bien talentosa, tocó conmigo varias veces. La conocí en París y me acompañó en ese periodo cuando escribí René. Ella no sabía que pasaba un mal momento y me ayudó mucho sin saberlo. Lo pasamos cabrón por la noche y para mí ella se convirtió en alguien especial. Cuando me enteré de lo que ocurrió, imagínate, me dolió mucho, y yo no era su mejor amigo, pero la recuerdo con mucho cariño porque en un momento en el que yo podía brincar del piso 25 me la encontré y no lo hice. Se tornó especial, como un amuleto.
En 313 haces varias referencias al ocho, que es el símbolo del infinito, y hablas de volver a empezar y dices “Tenemos que morir para que otros vivan”. Es una canción que sale de emociones muy profundas.
Sí. Yo escribí todo el texto en una noche y se lo mandé a Penélope para preguntarle si podía narrar el comienzo, y le encantó. En ese momento el intro de la canción se llamaba 8 y ella tiene una relación muy especial con ese número, que yo no lo sabía, lo tiene tatuado en el pie. Poco a poco todo empezó a tejerse. Es bien raro porque el tema lo empecé a escribir el día que murió la perrita que tenía con mi exmujer y mi hijo. Era un 26 de julio y yo estaba aquí en Madrid. Me sentí bien triste y, mirando fotos de la perrita, empecé a escribir sobre las cosas que no quería que se acabaran. Un mes después me enteré de lo de Valentina: ella había muerto el 26 de julio, aquel mismo día.
Residente.

El rapero puertorriqueño Residente.ANTONIO HEREDIAMUNDO

El rapero de San Juan fue encadenando casualidades, muchas de ellas relacionadas con el número 313. “Yo no lo entendía. Encontraba el número en todas partes. Empecé a escuchar mensajes de audio de Valentina y el último duraba 3:13. Un día fui a casa de Penélope y ella tenía una perrita igual que Despachorra, la nuestra. Y yo solo pensaba: “Pero cabrón, ¿cómo es posible todo esto?”. Originalmente, iba a trabajar esta canción “espiritual” y “escrita desde el alma” con Bon Iver, Bryce Dessner de The National y Greg González de Cigarettes After Sex, pero la hermana de Valentina, que también es violinista, insistió en que grabara con Silvia Pérez Cruz. “Así que éramos tres: René Pérez, Penélope Cruz y Silvia Pérez Cruz. Todo iba cayendo así”. La serie de coincidencias culminó en la grabación cuando un técnico de sonido llamó por error Valentina a Pérez Cruz. “Todo el mundo se quedó frizado“. La canción llega a su clímax con un gran violín que crece de intensidad interpretado por la hermana de Valentina Gasparini, Noemí.

En Ron en el piso dices: “Esto es por todo lo que puedo ser aunque lo dude, por lo que quise ser, pero no pude”. ¿A qué te refieres?
A muchas cosas, imagínate, con todas las cosas que siento que no pude hacer… A mí me hubiese gustado que hubiese funcionado la relación con la madre de mi hijo y yo estar súper presente todo el tiempo, 24 horas, y pues no lo estoy. Sé que soy un buen padre y ahora después de estar aquí mi hijo se viene conmigo, pero me hubiese gustado poder vivir con su madre, pero bueno, yo no podía bregar y nos separamos… Yo siento que ayudé mucho a mis primos hermanos que murieron, pero me hubiese gustado haber podido hacer más, y no puedo decir que no estuviera presente, pero esos cabrones estaban locos (sonríe).

Canciones con esa profundidad y esas aspiraciones líricas, un rap adulto con piano y un conjunto de cuerdas y un coro femenino y ni un solo beat: eso es lo que Residente imagina para su futuro artístico. Si es que encuentra un futuro artístico en el que sentirse a gusto. “Hay un cierto tipo de canción en la que conecto tan adentro que, yo que no lloro, me dan ganas de llorar cuando escribo”, explica. “Me pasó con Latinoamérica, con René y me ha pasado con 313. Y yo lo intento, lo intenté por ejemplo con Respira el momento de Calle 13 y es como salir a cazar, pasar horas y no cazar nada. Me gusta mucho esa canción, pero no está ni cerca de las otras, no tiene ese sentimiento. Porque cuando lo haces bien, tú lo sientes, cabrón, lo sientes aquí. Pues imagínate tener un disco completo en el que llegues ahí con todas las canciones. Yo tengo discos que nunca llegaron a ese nivel”.

Bajo sus contradicciones y conflictos, Residente se confiesa como un creador seguro de sí mismo. Sabe que tras este disco no quiere hacer música y que su próximo proyecto será acabar el guion en el que lleva trabajando más de cuatro años y que coescribe con Alexander Dinelaris, quien ganó el Oscar a mejor guión original por Birdman. Después, este rapero apasionado por la Historia y las raíces de su país buscará financiación para dirigir esa película épica sobre el momento en que Puerto Rico pasó de ser territorio español a estadounidense, en 1898. “No es una buena primera película para ningún director porque es un proyecto muy grande, pero yo le voy a meter con todo, va a ser bien cabrona”.

¿Y la música?
Quiero hacer música, pero sin pensar en querer llegar a cierto público. Con menos estrés y menos tóxico. Quiero hacer música como cuando estaba en la Escuela de Arte, hacer arte lo más elevado que pudiese, ser creativo y hacerlo bien. Así quiero hacer música, tratar de elevar lo más que pueda mi capacidad artística y conceptual. Y posiblemente me maten en las críticas y digan que me creo la hostia o que me fui a un viaje, pero quiero hacerlo. Siento que no lo he hecho nunca, que he tirado algunas pinceladas así, pero que puedo dar mucho más”.

Su concepto del arte está claro en sus letras ferozmente independientes. “Para mí el arte trata de una incomodidad constante. Tan pronto tú empiezas a sentirte cómodo y te quedas ahí en ese espacio haciendo lo mismo, dejas de hacer arte. Te vuelves aburrido, sin investigación ni búsqueda”.

El plusmarquista de los Latin Grammy confiesa que no suele ver la ceremonia. Este año vio el arranque con la interpretación de Rosalía de Se nos rompió el amor. “Sé que hay gente que la crítica, pero a mí Rosalía me gusta mucho, es una persona muy talentosa, y hay que decirlo. Me gusta también C. Tangana, que me recuerda a Calle 13 cuando salimos. Pero es que, no sé, es tan poco lo que está pasando en la música que alguien hace algo normal y sobresale mucho, porque es tan bajo todo lo demás… Eso en la música latina está pasando un montón, están adaptándose a ese cliché que el mercado anglosajón tanto añora: los colores, las palmas, los cocos, la piña colada…”.

¿Qué quedará de la música urbana latina actual dentro de 20 años?
(Resopla). Como van las cosas, cabrón, yo creo que todo se vuelve cada vez más simple y más básico y la gente se complace con menos y menos. Acuérdate de Milli Vanilli, que los censuraron cuando se descubrió que hacían playback. Hoy en día todo el mundo hace playback, y peor aún, con Autotune. Pero está cabrón porque la gente ahora lo acepta. El deterioro va a más, cada vez más para abajo.

Y por eso el disco se titula Las letras ya no importan, porque las letras son lo que más importa a Residente. Lo que menos le importa, claro, es encajar en ningún molde. “Yo no pertenezco al hip hop. No por falta de respeto, sino porque no me interesa, yo siempre quise hacer cosas distintas. Dentro de ese género se habla mucho de proteger esa cultura, pero al final se sobreprotege tanto que no la dejas que evolucione o que cambie. Yo rapeo y mi herramienta es el rap, mi fuerte es rimar; si el hip hop tuviera más apertura cultural crecería, le saldrían ramas y yo sería una de ellas. Pero por eso mismo yo me cancelo antes de tener que entrar en esa conversación”.

Pero tranquilos, en el álbum hay rap puro y duro y también están las tiraeras que ha detonado en los últimos años, esas tormentas de puñetazos verbales entre las que destaca una de sus canciones más populares, la session 49 de Bizarrap: más de ocho minutos en los que despellejó al reguetonero colombiano J Balvin. “Esas canciones son ejercicios de escritura con los que me entretengo en mi tiempo libre. Es como jugar Tetris. A mis fanáticos no les gustan nada. Al final decidí parar y despedirme de ellas con Baladista, con Ricky Martin”.

¿No vas a hacer más tiraeras?
No, no me interesa. Me dieron ganas en un momento dado, pero no quiero, es que es como perder tiempo. Para colmo cuando me puse a buscar en Google a ver si había salido alguna noticia con mi nombre, vi que salen fotos relacionadas de toda esta gente a los que tiré y que yo ni los escucho ni me interesan, pero están amarrados a mí por un tiempo, así que dije que se acabó.
A alguno lo mataste.
Sí, no era mi intención, pero bueno (ríe).

En septiembre Residente comienza en Barcelona y Madrid una pequeña gira mundial de solo 20 conciertos repartidos a lo largo de varios meses. “Ahora sé que no quiero tocar, por eso voy a actuar en unas pocas ciudades que son especiales para mí”, explica. “Quiero estar más tranquilo y disfrutármela, porque ya sé que las giras me llevan a un lugar donde no quiero estar. Me llevan a ese lugar del piso 25 donde estaba cuando conocí a Valentina. El lugar que no me interesa”.





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