Sant Antoni de Portmany es un municipio situado en la cara oeste de la isla de Ibiza. Poco más de 29.000 vecinos, playas idílicas, yates, sol y fiesta. Un lugar ideal para unas buenas vacaciones en el Mediterráneo. El problema es que sus habitantes se han visto atrapados por una pinza que no es ajena a otros enclaves del litoral: la zona está viendo cómo su oferta hotelera apuesta cada vez más por el turismo de lujo, una forma de sacudirse la imagen de destino de excesos y borracheras. Más o menos igual que Magaluf, en Mallorca.
Sin embargo, de momento lo que se han encontrado sus habitantes es otra cosa: una vivienda a precios intocables.
Un “pueblo atrapado”. La expresión no es nuestra. La usa elDiario.es en un amplio artículo en el que analiza la peculiar situación a la que ha llegado Sant Antoni de Portmany, una localidad del litoral ibicenco que se ve condicionada por tres factores: turismo de borrachera, turismo de lujo y un encarecimiento residencial mayúsculo que, asegura el digital, lo convierte en el municipio con “la mayor subida en los precios de la vivienda de Ibiza”.
De fondo, un dilema espinoso: ¿Cómo cambiar la imagen de un destino tras años asociado a los excesos, el turismo hooligan y la fiesta? ¿Y cómo hacerlo sin agravar la crisis residencial que arrastra en general Ibiza y obliga a parte de sus trabajadores (incluidos los que mantienen a flote los restaurantes y hoteles) a vivir en parques de caravanas?

Eduardo Pitt (Flickr).
Un municipio que se reinventa. Hace unos meses, durante una entrevista con ‘Gente Viajera’ (Onda Cero), el alcalde de Sant Antoni, Marcos Serra, quiso dejar un mensaje claro: su pueblo se está reinventando. Y no de cualquier forma.
Su apuesta pasa por una renovación del parque hotelero, una diversificación de la oferta y un discurso centrado en valores que van más allá de la borrachera, como los paisajes, la cultura y la gastronomía. Es más, Serra incluso sacó pecho por la apertura de media decena de hoteles de cinco estrellas (tres ya operativos y otros dos en marcha), un mayor peso de los establecimientos de cuatro estrellas y una mejora de los servicios y valoraciones de los locales del casco antiguo.
¿Son solo palabras? No. La hemeroteca refleja que algo está cambiando efectivamente en Sant Antoni. La prueba más clara la deja probablemente en West End, una zona peatonal conocida por su ambiente nocturno y pubs. O, como se afirma en algún medio regional, por ser “la meca del turismo hooligan de la costa sudoeste de la isla”. En un intento por darle una vuelta a la zona y reforzar su tejido comercial con tiendas y boutiques, en 2025 la localidad encargó un ambicioso mural al artista Okuda San Miguel, un “Arcoíris infinito”.
“Queremos reconvertir este espacio en una zona más amable que fomente la convivencia entre vecinos y turistas”, reconocía Serra. El mural de Okuda no fue su única apuesta para lograrlo. En 2025 el Ayuntamiento ofreció ayudas para transformar los negocios de la Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE). La idea era reforzar la oferta comercial y de restauración y reconvertir locales de ocio, como pubs o discotecas, en negocios con otro perfil. Hace unos meses Sant Antoni también estrenó un nuevo bulevar pensado para crear “un gran espacio peatonal que transforme el centro”.
¿Y los hoteles? Es otro frente en el que Sant Antoni ha experimentado una clara transformación, como reivindicaba en mayo el alcalde durante su entrevista en Onda Cero. En la zona del litoral, cerca de las playas más populares de la comarca, resulta cada vez más fácil encontrarse alojamientos de alta categoría. Por ejemplo, el OKU, un complejo de cinco estrellas que abrió sus puertas justo antes del verano de 2021 con casi 190 habitaciones y una amplia piscina.
Que la oferta premium gane peso en la zona no es casualidad. En 2020, en plena crisis sanitaria, el Gobierno regional adoptó medidas para incentivar la modernización de sus alojamientos, lo que ayuda a explicar que buena parte de la oferta hotelera de Ibiza (38%) supere las cuatro estrellas. Incluso hay zonas de la isla en las que el número de plazas para visitantes multiplica a la cantidad de residentes censados, lo que las convierte en macrolaboratorios turísticos.
Pendientes de la vivienda. Hay quien cuestiona que la estrategia de Sant Antoni esté alejando realmente el turismo hooligan. Lo que resulta innegable es que sus vecinos se enfrentan a otro problema bien conocido también en el resto de la isla, Baleares o las regiones más turistificadas de Europa: el encarecimiento de la vivienda. Los últimos datos de Pisos.com muestran que Sant Antoni figura entre las 25 localidades más caras de España, con un coste medio de 7.110 €/m2. Por delante tiene a Formentera, Santa Eulària des Riu, Andratx, Sant Josep de sa Talaia, Calvià e Ibiza.
Otros informes demuestran que Sant Antoni es uno de los lugares de Ibiza en los que el alquiler resulta más tentador para los propietarios. La rentabilidad del arrendamiento de la vivienda habitual ronda allí el 5,63% (7,57% si nos ceñimos a los contratos recién firmados), más que en Ibiza, Santa Eulària o Sant Josep. El alquiler medio mensual ronda en Sant Antoni los 1.009 euros. Esa es la media. Si hablamos de los que se están cerrando ahora el dato sube a 1.317.
“Es probable que suban los precios”. Hace poco un vecino advertía a elDiario.es del riesgo de que, en su intento por alejarse del turismo hooligan, Sant Antoni acabase agravando el problema con la vivienda. “De volverse un sitio instagrameable, es probable que suban los precios”.
Las subidas de precios no responden a un único factor y Sant Antoni no es desde luego el único pueblo de España con un mercado residencial tensionado, pero los datos de Fotocasa muestran que vivir allí sale hoy mucho más caro que hace un par de años. Según el portal inmobiliario, en octubre el mercado de compraventa acumulaba una subida interanual del 16,9%. De 6.465 €/m2 había pasado a 7.470. Idealista registra un alza mucho menor, pero comparte la misma tendencia.
Imágenes | Wikipedia y Eduardo Pitt (Flickr)
Vía | elDiario.es
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