Nicolas Cage ha interpretado a un yuppie convertido en vampiro, a un ángel que renuncia a la eternidad por amor y a una versión arruinada de sí mismo que se ve obligado a actuar en el cumpleaños de un fan millonario. Además de a los mismísimos Ghost Rider o Drácula. Entre otros disparates. Le faltaba, en una filmografía descomunal, protagonizar una película que, técnicamente, no existe.
Los hechos. El 15 de junio de 2026, un productor entregó en mano una copia maestra sin encriptar de ‘Fortitude’ en las oficinas de Netflix en Hollywood. Diez días después, la compañía reconoció que se la habían robado de encima de una mesa. Netflix se enfrenta ahora a una demanda de al menos 105 millones de dólares. Simon Afram, productor y guionista suizo, invirtió más de 45 millones de dólares de su propio bolsillo y siete años para poner en pie el proyecto.
De qué va. La cinta recrea la Operación Fortitude, el engaño aliado que desvió la atención nazi del punto real del desembarco de Normandía, con Cage como el espía Dusko Popov junto a Ben Kingsley, Ron Perlman, Michael Sheen y Alice Eve, y ha sido rodada en 35 milímetros para imitar la textura de la época. Nadie aparte del equipo de producción la había visto todavía.
Rocambolismo. Netflix descubrió el proyecto en diciembre de 2025, cuando la productora ejecutiva de la película contactó por correo con un gestor de la plataforma y adjuntó un tráiler promocional del proyecto. En junio de 2026, el fundador de la consultora de tests de audiencias Screen Engine/ASI volvió a hablar de ella a Sean Berney, director de cine original de Netflix, recalcó que ni siquiera las agencias la habían visto y que los derechos mundiales seguían disponibles. Ese mismo día, Netflix se mostró interesada y pidió una copia para revisarla un día muy concreto: el 16 de junio.
Sus instrucciones solicitaban que, si la copia llegaba codificada, las claves permanecieran abiertas desde la entrega hasta el final de ese día, con el fin de poder testear el contenido con margen suficiente. El productor asociado de ‘Fortitude’, Daniel Haido, llevó el disco en persona el 15 de junio, avisó verbalmente y por escrito de que el archivo no estaba cifrado y pidió que se borrara después del pase.
Después del desastre. Haido reclamó la devolución del disco varias veces: el 17, el 18, el 24 y el 25 de junio. Netflix pospuso la recogida con la excusa del festivo del Día de la Liberación y dejó sin respuesta la petición de recuperarlo en fin de semana. El 25 de junio, tras una llamada de 45 segundos en la que un empleado le prometió respuesta en menos de una hora, Haido volvió a escribir a la plataforma.
Dos horas después, Berney al fin contestó con un mail con el asunto «DCP robado». «Esto es una novedad para nosotros», escribió, antes de reconocer que varios discos habían desaparecido de los escritorios de la oficina esa misma semana. El directivo ofreció generar una nueva copia o devolver el coste del disco físico, dos gestos que, según los demandantes, no compensan la pérdida de una película inédita.
Qué va a hacer Netflix. La compañía se lava las manos: rechaza asumir la responsabilidad de la pérdida y sostiene que la película se entregó sin las garantías de seguridad habituales en la industria. Además, sostiene que ha abierto una investigación sobre el robo y se ha ofrecido a vigilar sitios donde se intercambian copias no autorizadas de archivos.
Las consecuencias. El argumento central de la demanda no es el valor del disco, sino su exclusividad. La productora sostiene que los tests con público arrojaron resultados comparables al de películas de espionaje histórico tan apreciadas como ‘Argo’ o ‘El código Enigma’, y se calculaban beneficios de unos 112,5 millones de dólares, en torno a 2,5 veces el presupuesto en base a esos tests. Desde el robo, los productores han pausado la comercialización, porque comienza a haber reticencias a comprar los derechos de una película que puede filtrarse a internet en cualquier momento.
Películas perdidas. La industria lleva perdiendo películas desde que existe el cine, aunque nunca de forma tan llamativa. Según un estudio de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, solo el 14% de las cerca de 11.000 películas mudas rodadas en el país entre 1912 y 1929 se conserva en su formato original, y un 70% del total se da por perdido sin remedio: el nitrato se degradaba y los propios estudios destruían las copias para no financiar su almacenaje. Aunque el caso de ‘Fortitude’ tiene poco que ver con nitrato o con ahorro de costos de almacenaje.
Más cerca en el tiempo y más parecido en los detalles está el caso de ‘Los mercenarios 3’: tres semanas antes de su estreno en 2014, una copia filtrada circuló por redes de descarga. Por entonces se achaco a esa filtración la responsabilidad de una recaudación muy por debajo de lo esperado, apoyándose en estudios que por entonces cifraban el impacto de las copias no autorizadas previas al estreno en torno a una quinta parte de la recaudación potencial. Netflix, además, conoce el problema de cerca: en 2017 tuvo que lidiar con un grupo de hackers que filtró los primeros diez episodios de la quinta temporada de ‘Orange is the New Black’ tras un intento de extorsión fallido.

