Home technologyGalápagos tenía 140.000 cabras invadiendo sus islas. Le bastaron 700 cabras espía para darles caza a todas

Galápagos tenía 140.000 cabras invadiendo sus islas. Le bastaron 700 cabras espía para darles caza a todas

by markoflorentino@icloud.com


En los siglos XVIII-XIX, los marineros y balleneros que pasaban por las islas Galápagos tenían un problema: faltaba carne en su dieta. Así que se les ocurrió soltar cabras allí para tener un repositorio de alimento a mano en sus rutas. Cientos de años después, esa especie tan doméstica y familiar pero invasora había destrozado el paisaje, convirtiéndose en una auténtica plaga a erradicar. ¿Cómo? Con una peculiar arma letal contra las más de 140.000 cabras que allí campaban a sus anchas: más cabras.

De «cabras Judas» y «cabras Mata Hari». Entre 1997 y 2006, el Parque Nacional Galápagos y la Fundación Charles Darwin ejecutaron el proyecto Isabela, responsable de erradicar más de 140.000 cabras desperdigadas en unas 500.000 hectáreas de las islas Santiago, Pinta y el norte de Isabela. Lo hicieron con caza aérea desde helicóptero y con cabras «Judas» y «Mata Hari».

Las cabras «Judas» eran animales esterilizados y equipados con radiocollar que, gracias a su comportamiento gregario, servían para conducir a los cazadores hacia el resto del rebaño, algo esencial para dar con los ejemplares más esquivos. Las «Mata Hari», por su parte, eran un subgrupo de hembras con implantes hormonales que resultaban especialmente atractivas para los machos. En esencia, cumplían la misma función: atraer y guiar a los cazadores hasta las últimas cabras. 

¿Y funcionó? Totalmente: desde 2006 en adelante en los sucesivos estudios de seguimiento constataron la recuperación de la vegetación endémica y de poblaciones de aves con relativa rapidez. Es el caso del rascón de Galápagos (Laterallus spilonotus), que volvió a avistarse hasta en Floreana, una isla donde no se había documentado desde finales de los años 80. También volvieron ocho especies de plantas endémicas catalogadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, entre ellas Scalesia atractyloides, que pensaban se había extinguido.

Por qué importa. La introducción de una especie invasora en un ecosistema suele ser una mala idea, y si además ocurre en una isla, más grave aún. Ejemplos a lo largo de la historia y por todo el planeta hay a raudales: lo hemos visto con vacas y más recientemente y más cerca, en Ibiza con las serpientes de herradura. En el caso de las islas, el problema ya no es tanto su tamaño, sino el presupuesto, la voluntad política o la burocracia, como concluye el propio estudio. En su momento, el Proyecto Isabela fue la iniciativa más ambiciosa del mundo, y su modelo se ha replicado después.

La buena noticia es que el caso demuestra que incluso un ecosistema gravemente dañado durante siglos puede recuperarse, siempre que se elimine de la ecuación el elemento que lo mantenía al límite. Y no solo en islas: en general.

Contexto. Como adelantábamos en la intro, las cabras llegaron a Galápagos como reserva de carne para marineros y balleneros, algo que por otro lado era una práctica bastante común en la navegación de la época. Pero sin depredadores naturales y frente a plantas que nunca habían evolucionado defensas contra un herbívoro de ese tipo, la población de cabras se disparó: en el volcán Alcedo, al norte de la isla Isabela, su población llegó a estimarse en unos 100.000 ejemplares.

En los últimos 30 años se han eliminado con éxito más de 780 especies de vertebrados invasores de islas en todo el planeta. Galápagos es el caso más grande de todos: solo este proyecto casi duplicó la superficie mundial de la que antes se habían retirado cabras.

En detalle. La campaña combinó tres métodos: primero, cacería terrestre con perros y cacería aérea desde helicópteros, que resultó muy eficaz mientras existían grupos numerosos en terreno volcánico abierto. De esta forma liquidaron 55.657 cabras. Cuando la densidad bajó, se desplegaron unas 700 cabras «Judas», que facilitaron la eliminación de más de 4.500 cabras. El coste total de la operación supera los 10,5 millones de dólares.

Sí, pero. La «amenaza caprina» no ha desaparecido del todo: ha habido al menos 12 reintroducciones intencionadas en el archipiélago desde 1990, algunas de ellas usadas como medida de presión política, lo que obliga a mantener una monitorización periódica. Aunque el proyecto logró una recuperación medible de vegetación y fauna, la restauración no es completa ni reproduce siempre el paisaje original, como confirman estudios en otras islas del archipiélago

Las tortugas gigantes son la prueba de que el ecosistema necesitaba algo más que la simple ausencia de cabras para recuperarse. En el volcán Alcedo competían directamente con ellas por el mismo alimento, y su destrucción del bosque dejó sin sombra ni agua a un punto de refugio vital en la época seca. Tras la erradicación, su población pasó de unas 6.000 a más de 15.000 tortugas, según observaciones de Galápagos Conservancy. Como dispersoras de semillas y «abridoras» de senderos, su recuperación no es solo un símbolo: es una pieza clave para que el resto del ecosistema termine de sanar.

En Xataka | En 1871 un granjero abandonó a su suerte a cinco vacas en una isla remota. Contra todo pronóstico, colonizaron la isla

En Xataka | Aquella vez que el ejército australiano sacó los tanques contra los emús… Y perdió

Portada | chris robert y Heidi Bruce 



Source link

related posts

Leave a Comment