Noches de verano como esta son ideales para alejarse de la civilización, levantar la vista y deleitarse con el espectáculo del cielo. El eclipse de hace unos días es un buen ejemplo, pero también están las míticas Perseidas o simple y llanamente, ver las estrellas y constelaciones… y un montón de satélites. Porque sí, el cielo está plagado de satélites y subiendo. Como el lanzamiento de satélites no va a parar, a alguien se le ha ocurrido una idea para ya que están, al menos no verlos: hacerlos negrísimos.
Houston, tenemos un problema. Dejando al margen que la órbita de la Tierra es ya un vertedero enorme, es que la presencia masiva de satélites pasa factura a los telescopios, ya que reflejan la luz solar generando destellos y estelas. Como consecuencia, vemos peor (o no vemos) asteroides o galaxias lejanas.
La autora principal del estudio, la astrofísica Astha Chaturvedi de la Universidad de Surrey, lo resume así: «el cielo nocturno es una de las ventanas más antiguas de la humanidad al universo, pero cada vez es más difícil ver las cosas». Teniendo en cuenta que en la hoja de ruta de muchas instituciones y empresas está lanzar más satélites, el problema se agrava. Según la Agencia Espacial Europea, hoy hay más de 14.000 satélites en órbita y la Universidad de Surrey estima que la cifra podría llegar a 60.000 para 2030.
Negro, negro como el sobaco de un grillo. Lo que el equipo de la universidad británica ha propuesto es usar un recubrimiento ultranegro, el Vantablack 310, para comprobar si así es posible reducir el brillo de los satélites lo suficiente como para dejar de interferir en la astronomía. Pensado para resistir las condiciones del espacio, absorbe casi toda la luz que le llega: solo refleja un 2%, de acuerdo con pruebas de laboratorio. Además, la poca luz que refleja lo hace de forma difusa, evitando los destellos.
Las pruebas. En las pruebas, un satélite con este recubrimiento fue casi tan tenue como recomienda la Unión Astronómica Internacional para no molestar a los astrónomos: en el peor de los casos obtuvo una magnitud de 6,7, justo por debajo del umbral recomendado de 7 (cuanto más alto, mejor). A modo de referencia, un satélite Starlink de SpaceX sin recubrir obtuvo una magnitud de solo 3,7, es decir, mucho más brillante. Bajo el microscopio, el equipo encontró que su estructura es similar al coral, con pequeños huecos que «atrapan» la luz en lugar de reflejarla.
No es el primer intento. No es la primera vez que la ciencia intenta atenuar las molestias de los satélites. SpaceX ya había probado dos formas de oscurecer sus satélites Starlink: una con pintura oscura (DarkSat) y otra con una especie de visera que bloquea el reflejo del Sol (VisorSat). Ambos proyectos redujeron el brillo, pero no lo suficiente. Vantablack 310 ha resultado ser mejor que ambas propuestas de SpaceX.
Porque la novedad de Vantablack 310 es que no depende de piezas móviles ni de modificar el diseño de la nave, ya que esencialmente es un cambio de material. Como explica Chaturvedi, «decisiones relativamente sencillas sobre materiales podrían marcar una diferencia significativa en cómo afectan los satélites a las observaciones astronómicas, sin necesidad de grandes cambios en el diseño de la misión».
Qué viene después. Tras las diferentes pruebas y comparativas en entorno controlado, este recubrimiento se testará en condiciones reales a bordo de la misión Jovian-1, un pequeño satélite universitario desarrollado por las universidades de Surrey, Portsmouth y Southampton. Así comprobarán si este material funciona también en el espacio como en el laboratorio.
Sí, pero. Aunque Vantablack 310 resulte ser un éxito también en el espacio, el equipo explica que «este estudio aborda únicamente el rendimiento óptico» del material, pero todavía queda pendiente de comprobar el comportamiento térmico de la nave, la durabilidad ambiental o la integración del sistema completo, lo que requiere muchas más pruebas en laboratorio y en el espacio.
Además, aunque logre reducir el brillo, el problema se oscurece y casi desaparece a la vista, pero sigue allí: la basura espacial es enorme y en aumento, lo que implica otros riesgos como los ambientales o las posibles colisiones.
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