Home technologyLa IA prometía revolucionar las aulas, pero los estudios empiezan a mostrar el efecto contrario en los alumnos

La IA prometía revolucionar las aulas, pero los estudios empiezan a mostrar el efecto contrario en los alumnos

by markoflorentino@icloud.com


La inteligencia artificial está cada vez más presente en los institutos y universidades, tomando a esta como una herramienta de referencia a la hora de hacer trabajos, generar la solución a los problemas que se plantean o también para entender un concepto. El problema es que no está exento de polémica, puesto que hay voces que apuntan a que esto puede estar afectando a la capacidad de comprensión de nuestras generaciones más jóvenes. 

Se ha estudiado. Este es un debate que ha reavivado un reportaje publicado en The Wall Street Journal que apunta a que la IA se debe restringir a los mayores de 21 años, apoyándose en un estudio del MIT sobre los efectos que está teniendo en los estudiantes. 

El informe PISA. Hace unos años se pensaba que el futuro de la educación estaba marcado por la tecnología, haciendo que las aulas se adaptaran con pizarras digitales (abandonando la clásica tiza) y dotando a los alumnos de portátiles o tabletas. Con todo esto queríamos copiar a otros modelos que en teoría eran mucho mejores, pero el informe PISA 2025 de la OCDE nos dio un jarro de agua fría, puesto que los estudiantes que utilizan la IA para tareas concretas, como resumir o redactar trabajos, obtienen peores resultados en ciencias que aquellos que no la usan. Hablamos de una penalización de unos 20 puntos, lo que equivale a perder aproximadamente un año entero de escolarización.

No obstante, el matiz que tenemos aquí nos apunta a que quienes usan estas herramientas con regularidad y, además, reciben formación escolar específica en alfabetización en IA; puntúan ligeramente por encima de la media. 

En España, las cifras reflejan una adopción masiva, puesto que el 54 % del alumnado reconoce usar chatbots para aprender, dividiéndose en un 40 % para resumir y un 30 % para redactar trabajos. 

Con este nivel de uso, nos vamos posteriormente hacia el informe PISA y observamos que se ha sufrido un retroceso claro respecto a 2022, perdiendo 23 puntos en lectura, 16 en matemáticas y 8 en ciencias. Todo esto ocurre en un contexto global complejo, donde la comprensión lectora en toda la OCDE ha caído 28 puntos en la última década. 

Ensayos clínicos como el hecho en la Universidad de Pensilvania con casi mil alumnos de matemáticas demostraron que usar un modelo estándar como GPT-4 mejoraba el rendimiento a corto plazo, pero hundía el aprendizaje real. Y es que, al retirar el acceso a la herramienta en un examen posterior, el grupo que había dependido de la IA para estudiar antes ahora rindió un 17% peor que el grupo de control.

La solución que se plantea en este mismo estudio es la creación de un «tutor IA» que no dé las respuestas de manera directa, sino que guíe al estudiante en lo que esté buscando. De esta manera se evita esa «pereza metacognitiva» que hace que un alumno pueda resolver un problema rápidamente sin hacer ningún trabajo mental. 

En el plano emocional, un ensayo del MIT detectó que el uso diario de manera intensiva de la IA se correlacionó con una mayor soledad, dependencia y menor sociabilización. Aquí la Asociación Americana de Psicología ya ha advertido de que a los jóvenes les puede costar distinguir la «empatía simulada» de un chatbot de la comprensión humana genuina. 

Pero con todo esto encima de la mesa no hay que demonizar el uso de la IA, sino que hay que entender cómo usarla. Aquí el uso como un sistema de ayuda y guiado, más allá de como un solucionario inmediato a todo lo que nos encontramos en nuestro camino, puede ser la clave para sacarle el máximo provecho posible. 

Vía | WSJ

Imágenes | Antoni Shkraba 

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