Home technologyArgentina y Taiwán tienen cientos de barcos pesqueros de China de frente. Y ninguno ha lanzado al mar sus redes para pescar

Argentina y Taiwán tienen cientos de barcos pesqueros de China de frente. Y ninguno ha lanzado al mar sus redes para pescar

by markoflorentino@icloud.com


En enero de 2026, un satélite de la NASA captó frente a las costas argentinas una imagen extraña: una enorme mancha luminosa flotando en mitad del Atlántico Sur, tan brillante que parecía una ciudad aparecida de repente sobre el océano. Desde tierra no se veía nada, pero desde el espacio, sin embargo, era imposible ignorarla.

La nueva muralla flotante. El pasado mes de febrero contamos lo que se avistaba a través de los satélites, y desde entonces no ha parado de repetirse. Durante años, el mundo asumió que los barcos pesqueros chinos eran simplemente eso: barcos dedicados a pescar. En 2026 esa percepción está cambiando rápidamente. Desde el mar de China Meridional hasta el Atlántico Sur, distintos gobiernos observan el mismo fenómeno: enormes flotas civiles chinas permaneciendo durante semanas en zonas estratégicas sin una actividad pesquera clara. 

Para ser más exactos, Argentina y Taiwán, separados por medio planeta, se enfrentan ahora a una situación sorprendentemente parecida: cientos de embarcaciones chinas frente a sus costas cuya función parece ir mucho más allá de capturar pescado. Lo inquietante no es solo su presencia, sino la sospecha creciente de que Pekín está utilizando barcos aparentemente civiles como herramientas permanentes de presión geopolítica y vigilancia marítima.

Cobrar por ocupar mar. Contaba el pasado mes de abril la cadena Abc que las investigaciones sobre la llamada “milicia marítima” china han mostrado hasta qué punto Pekín ha profesionalizado esta estrategia. En el mar de China Meridional, muchos barcos reciben subsidios estatales simplemente por mantenerse en determinadas zonas disputadas. 

Las tripulaciones pasan días enteros fondeadas, sin apenas actividad pesquera, mientras ayudan a consolidar la presencia china alrededor de arrecifes, rutas marítimas o ejercicios militares extranjeros como Balikatan. Para analistas occidentales, el objetivo es claro: saturar físicamente el mar con embarcaciones civiles para intimidar rivales sin necesidad de desplegar directamente unidades militares tradicionales.

Taiwán descubre que cualquiera puede ser un problema. La presión sobre Taiwán ha convertido esta táctica en algo mucho más visible. Este mismo mes de mayo, Taipei expulsó al buque científico chino Tongji tras detectar operaciones sospechosas cerca de la isla. Oficialmente realizaba estudios oceanográficos, pero las autoridades taiwanesas sospechan que recopilaba información estratégica sobre el fondo marino y las aguas cercanas. 

El incidente reflejaba el gran problema que afronta Taiwán: ya resulta difícil distinguir entre barcos civiles, científicos, guardacostas o plataformas de apoyo militar. Por eso la isla ha empezado a adaptar incluso sus patrulleras de guardacostas para portar misiles antibuque y actuar como parte de la defensa nacional en caso de conflicto.

Argentina ve el mismo patrón. En mayo también, Reuters sacaba un extenso reportaje. A miles de kilómetros de Asia, Argentina lleva años observando otra enorme concentración de barcos chinos frente a sus aguas. Cada temporada, unos 200 pesqueros iluminan el Atlántico Sur durante la pesca del calamar, formando una gigantesca ciudad flotante visible desde el espacio. 

Aunque oficialmente realizan actividad pesquera legal fuera de la ZEE argentina, Washington y parte del aparato de defensa argentino sospechan que muchos de estos barcos podrían estar recopilando inteligencia, cartografiando el fondo marino o midiendo la capacidad de vigilancia local. El contexto vuelve el asunto especialmente sensible por una razón: la zona está cerca del estrecho de Magallanes y del acceso hacia la Antártida, dos espacios estratégicos de enorme valor geopolítico.

Dominar el mar sin disparar. Por su parte, China niega que exista cualquier uso militar de estas flotas y sostiene que sus barcos actúan conforme al derecho internacional. Sin embargo, para muchos países empieza a ser evidente que Pekín ha encontrado una forma muy eficaz de expandir su influencia marítima sin recurrir a una guerra abierta. 

Dicho de otra forma, el verdadero cambio no parece estar en los destructores o los portaaviones chinos, sino en la capacidad de aglutinar en el océano una ingente cantidad de barcos civiles hasta volver irreconocible la frontera entre pesca, vigilancia o intimidación estratégica. Mientras tanto, Argentina y Taiwán están viendo ya la misma realidad: una donde hay cientos de barcos chinos frente a sus costas, y cada día que pasa parece más extraño que todos hayan ido hasta allí para no lanzar sus redes de pesca.

Imagen | CSIS/AMTI/Vantor

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