Home technologyCorea del Sur acaba de entrar en el club más exclusivo del planeta. Y China y Corea del Norte no están precisamente tranquilas

Corea del Sur acaba de entrar en el club más exclusivo del planeta. Y China y Corea del Norte no están precisamente tranquilas

by markoflorentino@icloud.com


En el año 2004, Corea del Sur admitió ante el Organismo Internacional de Energía Atómica que años antes había realizado experimentos secretos de enriquecimiento de uranio sin declararlos oficialmente. Aquello provocó una pequeña crisis diplomática y reavivó una pregunta que lleva décadas persiguiendo a Seúl: hasta dónde está dispuesta a llegar para no quedarse atrás en Asia.

Ahora ha dado un paso inédito. 

El gran salto. Corea del Sur acaba de dar uno de los pasos estratégicos más importantes de su historia militar reciente: entrar en el reducido club de países capaces de operar submarinos de propulsión nuclear. Hasta ahora ese terreno estaba reservado a potencias como Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido o India. El proyecto Jangbogo-N cambia por completo la posición de Seúl en Asia porque deja de ser únicamente una potencia industrial y tecnológica avanzada para convertirse también en un actor naval con ambiciones oceánicas y capacidad de disuasión mucho más sofisticada. 

La decisión tiene un enorme componente simbólico, pero sobre todo práctico: un submarino nuclear puede permanecer sumergido durante meses, recorrer enormes distancias y operar con una libertad imposible para los modelos diésel tradicionales. Para China y Corea del Norte el mensaje es evidente. Corea del Sur ya no quiere limitarse a proteger sus costas; quiere tener presencia permanente y capacidad de respuesta en todo el tablero regional.

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Anuncio del proyecto en el ministerio de defensa surcoreano

La gran obsesión de Seúl. El argumento oficial gira alrededor de la amenaza norcoreana y especialmente del crecimiento del arsenal nuclear de Pyongyang. Corea del Norte lleva años desarrollando misiles balísticos lanzados desde submarinos y trabajando en sus propios programas navales de propulsión nuclear con posible ayuda rusa. En ese contexto, Corea del Sur considera que sus actuales submarinos diésel ya no bastan para mantener una capacidad de disuasión creíble a largo plazo. 

Los nuevos modelos nucleares permitirían vigilar durante mucho más tiempo las aguas cercanas a la península y garantizar una capacidad de segundo ataque mucho más difícil de neutralizar. Incluso sin armas nucleares a bordo, la simple posibilidad de que estas plataformas puedan desaparecer bajo el mar durante largos periodos convierte cualquier cálculo militar enemigo en algo mucho más complejo.

China en la ecuación. Aunque Corea del Norte es la amenaza inmediata, el gran trasfondo estratégico apunta claramente hacia China. Recordaban los analistas de TWZ que Pekín lleva años expandiendo su flota submarina y reforzando su presencia naval en toda Asia-Pacífico, mientras Corea del Sur observa cómo la competición regional deja de centrarse únicamente en la península coreana. La construcción de submarinos nucleares refleja precisamente ese cambio mental en Seúl: el país empieza a verse como una potencia marítima regional con intereses mucho más amplios. 

De ahí que China haya criticado públicamente el programa y ha insistido en las obligaciones de no proliferación. Pekín entiende perfectamente lo que significa este salto tecnológico. Un vecino con submarinos nucleares propios implica una presencia más difícil de rastrear, una capacidad de vigilancia mucho más profunda y una marina capaz de operar muy lejos de sus puertos.

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El detalle más delicado. Imposible pasar de largo, porque Corea del Sur insiste en que no pretende desarrollar armas nucleares y que utilizará uranio poco enriquecido bajo supervisión internacional y coordinación con Estados Unidos y el OIEA. Sin embargo, el movimiento sigue siendo extremadamente sensible porque históricamente casi todos los países con submarinos nucleares terminaron desarrollando también arsenales atómicos. Ahí reside buena parte de la inquietud regional. 

Aunque Seúl mantenga oficialmente su compromiso con la no proliferación, el proyecto le acerca tecnológicamente a capacidades que hace apenas unos años parecían impensables. Además, el contexto internacional ha cambiado. La confianza ciega en el paraguas militar estadounidense ya no es tan sólida como antes y en Corea del Sur crece desde hace años el debate sobre si el país necesita una capacidad de disuasión más autónoma frente a Pyongyang y frente a una China cada vez más poderosa.

Una apuesta industrial gigantesca. El programa también es una declaración de poder industrial. Corea del Sur quiere construir los submarinos dentro de su propio territorio utilizando su industria naval, nuclear y tecnológica, algo que encaja perfectamente con la obsesión del país por ganar autonomía estratégica. El gobierno calcula que el proyecto durará más de cuarenta años entre construcción y operación, generará decenas de miles de empleos y reforzará sectores clave como los reactores modulares, la construcción naval avanzada y la ingeniería militar. 

Las reacciones del mercado han dejado claro el impacto esperado: las grandes compañías navales surcoreanas se dispararon en bolsa tras el anuncio. Seúl entiende que este proyecto no solo redefine su fuerza militar; también puede consolidar al país como una de las pocas naciones capaces de diseñar y mantener sistemas navales nucleares complejos por sí sola.

La carrera silenciosa. Lo más importante es que el movimiento de Corea del Sur puede acelerar todavía más la carrera submarina y nuclear en Asia. Australia ya avanza con AUKUS para obtener submarinos nucleares, Corea del Norte busca los suyos con apoyo ruso y China continúa ampliando una de las mayores flotas submarinas del planeta. Ahora Seúl se suma oficialmente a esa competición estratégica bajo el agua. 

Si se quiere también, la región está entrando en una etapa donde la capacidad de desaparecer bajo el océano durante meses se ha convertido en uno de los símbolos máximos de poder militar. Y Corea del Sur acaba de anunciar que va a formar parte de ese grupo exclusivo, aunque eso implique alterar todavía más el equilibrio de seguridad en Asia oriental.

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