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Aragón tiene la cura para las tierras abandonadas de los Pirineos: cultivar hierbas medicinales

by markoflorentino@icloud.com


Si el abandono rural en España es una realidad que existe desde hace décadas, en las zonas de alta montaña todavía más: si ya es difícil vivir en un pueblo pequeño, cuando este está en medio de la nada y para llegar hay apenas una carretera repleta de curvas, quedarse allí supone pasarse la vida en modo difícil. Irse supone abandonarlo todo, también esas tierras que un día fueron más o menos productivas y que ahora pasan a ser pasto de los matorrales, la degradación del suelo y los incendios. El Pirineo aragonés tiene extensiones de tierra cultivada abandonada y una solución para darle salida a ese terreno desaprovechado: cultivar plantas aromáticas y medicinales.

Adiós a las tierras baldías. Esta iniciativa del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón se enmarca dentro del proyecto Pyrenees4Clima. La parcela piloto está en Espierre (Biescas, Huesca), lleva 60 años abandonada y está situada entre 1.250 y 1.600 metros de altitud. El cultivo para estas primeras pruebas es la lavanda fina, que sirve para obtener aceites esenciales para la industria farmacéutica y de perfumería. 

¿Por qué elegir un terreno tan inhóspito para plantar lavanda? Precisamente porque la altitud y el tipo de suelo, desfavorables para otras plantas, resultan idóneas para la lavanda, según investigaciones de dos décadas del CITA. Pero tener cultivos en terrenos de alta montaña no es tarea sencilla: como explica la investigadora Juliana Navarro, el acondicionamiento de estas fincas ha supuesto un reto técnico y logístico: mucha pendiente, maleza arraigada, despedregado intensivo y hasta viejos muros de piedra para contención en parcelas por las que nunca habían sido mecanizadas.

Por qué es importante. Porque lo rural pierde población y actividad agrícola desde hace décadas y este proyecto quiere recuperar tierras baldías con cultivos que tienen un mercado real. Este proyecto busca regenerar productos de alto valor, fijar población joven en el medio rural, preservar conocimientos tradicionales sobre plantas locales y mejorar la biodiversidad, ya que las aromáticas atraen abejas y otros polinizadores. Por otro lado y como comentábamos anteriormente, la lavanda y el espliego son plantas especialmente resistentes al frío y la sequía, lo que las hace idóneas para un Pirineo que cada vez tiene veranos más secos e inviernos más irregulares. 

Contexto. Si el éxodo rural en España es una realidad desde mediados del siglo XX, en el caso de las zonas de alta montaña el fenómeno es todavía más intenso y documentado: el abandono de tierras de cultivo en el Pirineo Central se aceleró especialmente desde la década de 1960. La superficie forestal ha ganado terreno a expensas de los usos agrícolas y ganaderos tradicionales, lo que ofrece resultados ambivalentes: hay más cubierta vegetal, pero también mayor riesgo de incendio y pérdida de biodiversidad asociada a pastizales y hábitats abiertos.

El programa LIFE es el principal instrumento financiero de la Unión Europea para el medio ambiente y la acción climática desde sus inicios en 1992. Los fondos europeos aportan un 60% de la financiación sobre el presupuesto total, lo que supone una garantía su materialización y seguimiento. Aragón es el territorio donde ejecutarán más pruebas piloto: 14 de las 33 diseñadas para los próximos siete años.

Cómo lo van a hacer. El modelo de operación combina la investigación institucional del CITA con emprendedores locales como Ignacio Guallart Balet, promotor del proyecto y empresario zaragozano oriundo del Valle de Tena y con experiencia en movilidad ecológica y economía circular. Este punto es importante porque resuelve uno de los grandes problemas de la investigación agrónoma: la aplicación de sus investigaciones. El proyecto también incluye la elaboración de un manual de buenas prácticas para cultivos de montaña adaptados al cambio climático y tiene alcance europeo: los Alpes o los Cárpatos son potenciales candidatos para su aplicación. 

Sí, pero. Si bien es cierto que estas plantas medicinales pueden venderse en seco, para la destilación de aceites esenciales o para cosmética, la realidad es que el mercado europeo ya cuenta con productores consolidados en el sur de Francia y el centro de Europa. Sin un sello de indicación de origen protegido o una certificación ecológica, competir en el mercado será una ardua tarea. En pocas palabras: la rentabilidad del proyecto no está clara. 

Por otro lado, el cultivo de la lavanda también tiene sus dificultades: es cierto que aguanta bien la sequía, pero en sus primeros años necesita riego y el Pirineo ya está acusando cambios preocupantes en su régimen de lluvias. Y hay otro actor a tener en cuenta: la fauna silvestre, cuya presión sobre cultivos en alta montaña puede ser significativa.

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