
En 1961, al concebir la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo, en São Paulo, Vilanova Artigas y Carlos Cascaldi establecieron un paradigma que sigue resonando en la arquitectura universitaria brasileña: el edificio como un territorio continuo, articulado por rampas, patios y vanos libres, donde la experiencia del aprendizaje se extiende más allá del salón de clases. Esta idea surgió en un momento de transformación de la educación superior en Brasil, la cual, durante las décadas siguientes, pasaría de atender a un público relativamente restringido a llegar a una población mucho más amplia y diversa. Mientras que en 1960 Brasil contaba con aproximadamente 226,218 matrículas de grado, para 2023 esa cifra ya rozaba los 10 millones.
Este crecimiento transformó también la relación entre la universidad y la ciudad. Moldeado por la coexistencia de una extensa red pública y un sector privado que ha desempeñado un papel igualmente decisivo en la expansión de la educación superior, el sistema brasileño ha producido distintos modelos institucionales, escalas y formas de ocupación. El campus ha dejado de ser un mero soporte físico para la institución y, en muchos casos, se ha convertido en una forma de infraestructura urbana que concentra flujos al tiempo que ofrece espacios de interacción y vida social. En este contexto más amplio, el legado de la FAU-USP sigue vigente, no como un modelo formal que deba replicarse, sino como una manera de entender la universidad a través de su relación con la ciudad.
