Home technologyDoce años de trabajo, tres inviernos en el mar y una boya de 42 metros: así es el proyecto vasco que quiere convertir las olas en electricidad barata

Doce años de trabajo, tres inviernos en el mar y una boya de 42 metros: así es el proyecto vasco que quiere convertir las olas en electricidad barata

by markoflorentino@icloud.com


El 12 de mayo, una boya de acero de 42 metros fue remolcada desde la ría de Bilbao hasta el mar abierto frente a Armintza. No es la primera vez que hace ese viaje. Ya lo hizo en 2016, aguantó tres inviernos con olas de hasta 14 metros, generó electricidad y volvió a puerto con algo igual de valioso: datos. Ahora regresa mejorada. La firma vasca IDOM ha vuelto a soltar al Marmok A-5 en el Cantábrico, y esta vez sabe exactamente qué tiene que demostrar.

No es un ensayo más. La promesa de la energía undimotriz no es pequeña. Según explica a la revista Energías Renovables el ingeniero de olas de IDOM, Patxi Etxaniz: «La cantidad de recursos que hay a nivel mundial es brutal; si somos capaces de obtener esa energía de forma económicamente rentable, tenemos resuelto el problema energético a nivel mundial».

El problema, hasta ahora, ha sido siempre el mismo: extraerla sin arruinarse en el intento. La carrera para lograrlo la disputan apenas una docena o quincena de actores en todo el mundo: la sueca CorPower, varias ingenierías escocesas, empresas de Francia, Gales, Finlandia e Italia, y actores asiáticos de Corea, China y Japón que, en palabras de Etxaniz, «no publican nada, son muy discretos». IDOM ya está en ese grupo.

El pistón del Cantábrico. El Marmok es, en esencia, una boya con un cilindro de agua en su interior. Según detalla Europe Wave, cuando llega una ola, esa columna de agua sube y baja como un pistón, comprimiendo y expandiendo el aire de una cámara superior. De esta manera, ese flujo de aire mueve una turbina que genera electricidad y, finalmente, un cable submarino la lleva a tierra.

La tecnología se llama OWC —columna de agua oscilante— y el nuevo Marmok la ha mejorado en tres frentes, según BiMEP: nueva turbina con álabes controlables, sistema de control inteligente con baterías embarcadas, y un fondeo radicalmente simplificado. Este último cambio nació directamente de uno de los problemas más costosos y peligrosos de la primera campaña. Como explicaba Etxaniz: «El fondeo que teníamos funcionó bien, pero necesitábamos muchos buzos, y son caros, y su trabajo es peligroso: bajo el agua, con cabos con mucha tensión, que te pega un latigazo uno y puedes tener un grave problema». Problema detectado, problema resuelto.

En esta nueva campaña, además, el Marmok se conectará a la red por primera vez a través de la plataforma HarshLab, un laboratorio flotante integrado en las infraestructuras de BiMEP, lo que permitirá tanto evacuar la energía generada como monitorizar el comportamiento del sistema en tiempo real.

Doce años de trabajo. El Marmok no apareció de la noche a la mañana. Sus primeros modelos se probaron en el Centro de Experiencias Hidrodinámicas de El Pardo en 2012. De ahí pasaron a los laboratorios de Tecnalia, luego a las instalaciones en costa de BiMEP en Mutriku, y finalmente al mar abierto en octubre de 2016, donde se convirtió en el primer convertidor de energía de las olas conectado a la red eléctrica en España y uno de los primeros en el mundo.

Detrás de ese recorrido estaba el equipo de la empresa vasca Oceantec. IDOM vio el potencial, los contrató en bloque y los integró en su estructura. Más de una década de trabajo, financiación del Ente Vasco de la Energía y respaldo del programa europeo de innovación EuropeWave después, lo que empezó como un prototipo de laboratorio es hoy, según BiMEP, un dispositivo listo para avanzar hacia fases precomerciales. Como resume Borja de Miguel, jefe de proyecto en IDOM, en declaraciones recogidas por Europe Wave: «Lograr una instalación segura y una conexión a la red en BiMEP es un paso clave para acercar la energía de las olas a la realidad comercial».

Lo que viene. Durante los próximos meses, el equipo irá verificando el rendimiento de los nuevos sistemas y aumentando progresivamente las operaciones. Los datos que recoja esta campaña servirán para dos cosas: demostrar resultados ante EuropeWave y decidir cómo será la siguiente fase de desarrollo.

El objetivo no es académico. Es bajar costes hasta que una ola del Cantábrico pueda competir, en precio, con cualquier otra fuente de energía. Todavía no hay fecha para eso. «Dependerá de la inversión», dice Etxaniz. Pero la ventana existe, el grupo de aspirantes es pequeño, y la ingeniería vasca lleva más de diez años aprendiendo a leer el mar. El Marmok ya sabe cómo sobrevivir a tres inviernos de tormenta. Ahora tiene que aprender a hacerlo barato.

Imagen | EuropeWave

Xataka | Durante años, la energía de las olas fue el patito feo de las renovables. La IA y los centros de datos le han dado una vuelta



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