Palantir ha publicado unos resultados trimestrales que han sorprendido incluso a sus analistas más optimistas: ingresos de 1.630 millones de dólares en el primer trimestre, un 85% más que un año antes. La empresa ha subido además su previsión anual hasta rozar los 7.660 millones. Son números que sitúan a Palantir en otra liga. Y, sin embargo, mucha gente no sabe exactamente a qué se dedica. Eso no es un accidente tratándose de esta empresa, con un tipo de actividad tan concreta.
El contexto. Palantir lleva más de veinte años construyendo software de análisis de datos para gobiernos e instituciones que prefieren no aparecer en los titulares: la CIA, el FBI, el Pentágono, los servicios de inmigración de Estados Unidos…
La empresa fue fundada en 2003 por Peter Thiel, el inversor que también puso dinero en Facebook y que hoy orbita en la constelación de poder trumpiana, y por Alex Karp, su CEO, una figura notablemente excéntrica con un doctorado en Teoría Social de Frankfurt.
- La combinación de dinero de la inteligencia americana (In-Q-Tel, el fondo de capital riesgo de la CIA, fue uno de sus primeros inversores) y filosofía de campus universitario alemán define perfectamente la ambigüedad moral en la que vive la empresa.




En detalle. El negocio de Palantir tiene dos patas. La primera, y la que más crece, es el gobierno americano: 687 millones de dólares solo en este trimestre, un 84% más que el año anterior. La segunda pata es el negocio comercial con empresas privadas, que ha crecido aún más rápido (un 133%) hasta los 595 millones. Pero para entender cómo gana dinero Palantir hay que entender qué vende:
- Palantir Gotham es su producto estrella para gobiernos y defensa. Integra fuentes de datos dispersas (imágenes satelitales, interceptaciones, registros de movimiento, redes sociales, bases de datos de inteligencia, etc) y los convierte en un mapa coherente que un analista puede interrogar. Es decir, transforma océanos de ruido en entornos de información manejable sobre la que tomar decisiones. El pantallazo que encabeza este artículo es un ejemplo.
- Palantir Foundry es la versión empresarial. Hace lo mismo pero para grandes empresas: une datos de distintos departamentos, limpia la información y permite construir flujos de trabajo automatizados sobre ella.
- Maven AI es su producto más reciente y más polémico. Es un sistema de mando y control que analiza datos del campo de batalla e identifica objetivos en tiempo real. El Pentágono está en proceso de convertirlo en un programa oficial del ejército americano, lo que garantizaría suculentos contratos a largo plazo.




Entre líneas. El CEO Alex Karp se ha dirigido esta semana a sus accionistas para explicarles que «Estados Unidos sigue siendo el núcleo constante del negocio. Y ese negocio está explotando». El ascenso de Palantir está directamente ligado al aumento del gasto en defensa, a la escalada de conflictos geopolíticas y al uso creciente de la IA en contextos militares.
Dicho de otro modo: cuando el mundo se vuelve más peligroso, Palantir factura más. Su modelo de negocio es, en cierta medida, un barómetro de la tensión mundial.
Sí, pero. Las acciones de Palantir cayeron un 1,5% en el aftermarket pese a los buenos resultados, y acumulan una caída de alrededor del 18% en lo que va de año. Los inversores tienen dos preguntas sin respuesta clara.
- La primera: ¿es sostenible un crecimiento del 85%?
- La segunda, la más incómoda: ¿qué pasa si cambia la administración, si cambian las prioridades en defensa o si el Congreso aprieta el gasto?
Una empresa cuyo motor principal es un único cliente (el gobierno estadounidense) tiene una concentración de riesgo que no aparece en las métricas de las que presumen.
El rastro del dinero. El debate perenne sobre Palantir no es el financiero sino el ético. La empresa ha estado en el centro de algunas polémicas por su trabajo con ICE (el servicio de inmigración americano) en la identificación de personas sin papeles, y por el papel que sus herramientas han jugado en operaciones militares en distintas partes del mundo.
Karp no rehuye de esas cuestiones: él defiende abiertamente que Occidente necesita empresas dispuestas a hacer este trabajo, y que quienes se niegan simplemente dejan el campo libre a otros. Es un argumento que sus inversores aceptan sin muchas preguntas. Y los resultados, de momento, les dan razón.
Imagen destacada | Palantir, Xataka con Mockuuups Studio