El cerumen que se acumula en nuestros oídos para muchas personas es asqueroso e innecesario, puesto que puede generar tapones que nos generan una disminución en la capacidad de escucha. Pero aunque para un buen grupo de la población la cera de los oídos es sinónimo de una falta de higiene, para la biología es un sofisticado sistema de seguridad biomecánico que evita que los insectos colonicen nuestro oído.
Dos propiedades. Tras estudiar el cerumen de nuestros oídos, los investigadores han entendido la compleja mecánica que hay detrás, puesto que se ha visto que tiene dos propiedades que aparentemente son contradictorias: es resbaladizo y pegajoso al mismo tiempo.
Una trampa mortal. Para entender cómo el cerumen frena a los intrusos, los investigadores recurrieron a la biomimética y a pruebas de comportamiento con hormigas. Y es que debemos tener en cuenta que los insectos son escaladores excepcionales gracias a que segregan unas gotas adhesivas en sus patas, lo que les permite desafiar la gravedad y caminar por techos o paredes verticales.
Pero el canal auditivo es un terreno hostil, ya que el cerumen es una sustancia hidrófila, porosa y viscoelástica. De esta manera, cuando un insecto intenta caminar sobre una capa de cerumen liso, se cae inmediatamente, puesto que los microporos de la cera absorben los fluidos adhesivos que segrega el propio insecto, anulando su capacidad de agarre.
Un matiz. En superficies donde el cerumen era más rugoso, los insectos podían clavar sus garras para avanzar ligeramente, pero terminaban ralentizados y atrapados por la viscosidad del medio. Es decir, el oído neutraliza el «superpoder» adhesivo de los insectos volviendo su propia biología en su contra.
Echamos la vista atrás. La fascinación por el cerumen no es algo que haya surgido ahora para este grupo de investigación, puesto que ya en 2017 se demostró que la secreción se comporta como un fluido no newtoniano. Esto quiere decir que en reposo es espeso y denso, pero cuando se le aplica fuerza, como por ejemplo al masticar, su viscosidad disminuye.
Ahora sabemos que el ciclo de vida del cerumen dura aproximadamente 10 semanas, puesto que durante todo el tiempo que está en la oreja va perdiendo agua y volviéndose cada vez más quebradizo. Y esto es algo fundamental, ya que permite que termine desprendiéndose por sí sola, expulsando consigo la suciedad, las células muertas y los insectos atrapados.
Los repelentes. Comprender la dinámica que sigue el cerumen no es un simple ejercicio de curiosidad académica, sino que el equipo sugiere que estos descubrimientos abren la puerta a una nueva generación de insecticidas que no sean tan químicos.
Aquí es importante remarcar que si logramos replicar artificialmente esta estructura hidrófila y porosa que anula los fluidos adhesivos de los insectos sin recurrir a tóxicos, podríamos desarrollar recubrimientos protectores más seguros y sostenibles para la agricultura o el hogar.
Vía | Phys
Imágenes | Towfiqu barbhuiya
En Xataka | Un mosquito de apenas dos milímetros de tamaño está detrás del brote del virus Shamonda en Francia
