Guareña es un pueblo de Vegas Altas del Guadiana, Badajoz, de poco más de 6.600 habitantes. Desde hace tiempo los historiadores saben que allí, no muy lejos de la desembocadura del río Búrdalo, se oculta un yacimiento arqueológico, pero su alcance no quedó claro hasta hace poco más de una década. Tras un primer sondeo, en 2014, los investigadores empezaron a recuperar piezas y desenterrar estructuras que 12 años después se han convertido en una ventana fascinante a uno de los pueblos más enigmáticos que habitaron el suroeste de la península: los tartesios.
Desde entonces no han parado de explorar el yacimiento (conocido como Casas de Turuñuelo) en busca de tesoros como el que acaba de aflorar ahora, durante su octava campaña.
¿Qué ha pasado? Que acabamos de encontrar una nueva prueba (la enésima) de la enorme riqueza arqueológica de Casas del Turuñuelo, el yacimiento tartésico situado en Guareña, provincia de Badajoz. Aunque la octava campaña de exploración arrancó ya avanzado abril y no se completará hasta finales de mayo, los investigadores han dado con un hallazgo que ha captado el interés de medios como RTVE o Canal Extremadura.
En los últimos días ambos medios se han hecho eco del descubrimiento de un altar con forma de piel de toro, una pieza característica de la cultura tartésica que se suma a otro del mismo estilo localizado durante una excavación anterior. La estructura apareció en un pasillo anexo a la conocida como ‘habitación 100’ del yacimiento. Al analizarlo en detalle los investigadores comprobaron que aún conserva restos de ceniza de los animales sacrificados sobre él.


¿Por qué es importante? Por varias razones. Una, nos permite comprender mejor cómo se estructuraba el yacimiento de Casas del Turuñuelo. Dos, confirma su enorme riqueza arqueológica y (lo más importante) su utilidad para conocer a los tartesios, la civilización que prosperó en el entorno de lo que hoy son las provincias de Huelva, Sevilla, Cádiz y Badajoz entre aproximadamente los siglos IX y V a.C.
Desde el Ayuntamiento de Guareña recuerdan de hecho que el yacimiento se enmarca en la cultura tartésica del siglo V antes de nuestra era y «destaca por ser uno de los enclaves más relevantes de dicha civilización en la península Ibérica». Prueba de su importancia es que entre las ruinas de Casas del Turuñuelo se han recuperado los primeros relieves de rostros humanos de Tartessos, lo que entre otras cosas nos confirma que esta antigua cultura no era anicónica.
¿Son sus únicos hallazgos? No. Desde que arrancaron los sondeos en la zona, en 2014, el yacimiento de Guareña no ha dejado de maravillarnos, convirtiéndose en una auténtica caja de sorpresas… y un tesoro arqueológico. Eso explica entre otras cosas que desde el Instituto de Arqueología (CSIC-Junta de Extremadura) se plantearan la creación de un equipo de trabajo con especialistas de diferentes disciplinas y se impulsaran sucesivas campañas. Solo las tres primeras permitieron recuperar parte de un majestuoso edificio de dos plantas, un patio y tres estancias.


¿Y qué encontraron? En una de esas estancias (la ‘100’), un cuarto de alrededor de 70 metros cuadrados, se localizó el primer altar en forma de piel de toro y una bañera o sarcófago situado en el extremo sur, pegado al muro. No solo eso. Los arqueólogos han rescatado vajillas y placas de hueso y marfil que en su día decoraban una caja de madera ya perdida. Otra zona llena de sorpresas es el patio interior, de 125 m2, planta rectangular y conectado con una escalinata de tres metros de altura.
Allí los arqueólogos descubrieron restos de decenas y decenas de animales, probablemente relacionados con sacrificios: al menos 52 caballos, cuatro vacas, cuatro cerdos y un perro. En la misma zona se recuperaron también pesas de bronce, ungüentarios, restos de una escultura griega y cuencos.
¿Es un yacimiento más? La respuesta vuelve a ser ‘no’. Y no solo por la enorme fascinación que genera Tartessos. En solo ocho campañas los arqueólogos han obtenido en Casas de Turuñuelo auténticas joyas históricas, como los dos altares rituales en forma de piel de toro o las esculturas de rostros, «las primeras representaciones humanas de la cultura Tartésica», recuerdan desde el CSIC.
El yacimiento nos reservaba también un grabado con escenas de combate en una placa de pizarra, un abecedario de hace 2.500 años y el altar de mármol griego más antiguo (al menos entre los conocidos hasta la fecha) del Mediterráneo occidental.
¿Hay más sorpresas? Sí. Por si eso no fuera suficiente, las estructuras del yacimiento también guardan algunos secretos que las hacen únicas. Por ejemplo, parte de las escaleras que conectan con el patio interior están formadas por escalones fabricados con sillares de morteros de cal. Puede parecer un detalle menor hasta que descubres que representan el ejemplo más antiguo conocido en toda la península Ibérica de «fabricación de cal de manera antrópica».
La gran pregunta ahora es qué tesoros quedan por aflorar en Casas del Turuñuelo.
Imágenes | Construyendo Tarteso, Junta de Extremadura y CSIC