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La guerra de drones de Ucrania acaba de superar una barrera insólita: drones persiguiendo a drones a velocidades de Fórmula 1

by markoflorentino@icloud.com


La guerra de drones en Ucrania acaba de superar otra barrera que hasta hace poco parecía reservada a los misiles y los aviones de combate: ya hay drones persiguiendo a otros drones a velocidades propias de la Fórmula 1. Rusia ha empezado a lanzar en cantidades crecientes Geran propulsados por reactores capaces de volar mucho más rápido y alto que los antiguos Shahed de hélice, y Ucrania ha respondido construyendo interceptores específicamente diseñados para darles caza. 

Un territorio inexplorado. La imagen resume hasta qué punto ha cambiado el cielo ucraniano: una cámara térmica se aproxima entre las nubes a un Geran-5 ruso hasta prácticamente alcanzarlo. Según la Fundación Serhiy Prytula, el objetivo fue destruido cuando volaba a 425 km/h y a más de tres kilómetros de altitud por un interceptor de una unidad antiaérea ucraniana. 

Como referencia, el récord de velocidad conseguido por un Fórmula 1 modificado fue de unos 397 km/h y el Shinkansen japonés circula comercialmente a alrededor de 320 km/h. Ucrania ya había anunciado en diciembre que uno de sus interceptores había alcanzado 400 km/h durante pruebas, pero ahora asegura haber llevado esas velocidades al combate.

Un reactor inédito. Los Shahed-136 o Geran-2 que Rusia lleva años utilizando eran relativamente lentos, una característica que permitió a Ucrania desarrollar pequeños interceptores baratos capaces de perseguirlos y destruirlos. Moscú ha respondido introduciendo progresivamente los Geran-3, Geran-4 y Geran-5 con propulsión a reacción. 

El Geran-4 incorpora una estructura reforzada, una aerodinámica diseñada específicamente para el vuelo rápido y un turborreactor de mayor empuje que, según los análisis citados por Radio Free Europe/Radio Liberty, le permite alcanzar entre 450 y 500 km/h y operar hasta unos ocho kilómetros de altura. El Geran-5 va todavía más lejos: la inteligencia ucraniana le atribuye una velocidad máxima cercana a los 600 km/h.

Más velocidad significa menos tiempo. Ese salto no convierte simplemente al Shahed en un dron más rápido, sino que reduce drásticamente la ventana disponible para detectarlo, perseguirlo y destruirlo. Los interceptores que funcionaban contra los Geran de hélice comenzaron a quedarse atrás frente a las nuevas variantes a reacción, obligando a Ucrania a recurrir en algunos casos a sistemas mucho más sofisticados, incluidos sus F-16. 

En ese sentido, el problema es económico: derribar drones producidos en masa con misiles antiaéreos avanzados puede convertirse rápidamente en una batalla de desgaste, precisamente la ecuación que los interceptores baratos habían empezado a corregir.

Fabricar drones cada vez más rápido. Kiev asegura haber probado con éxito cuatro nuevos modelos de interceptores destinados específicamente a perseguir Shahed a reacción y está tratando de ampliar su producción. Entre los proyectos conocidos está el Sting S de Wild Hornets, una evolución de sus pequeños interceptores con mayor velocidad y carga explosiva que, según la empresa, ya ha derribado durante las pruebas de combate alrededor de una docena de Geran-4 y varios Geran-5, aunque esas cifras no han podido verificarse independientemente. 

El objetivo sigue siendo el mismo que hizo atractivos a estos sistemas desde el principio: conseguir una máquina suficientemente rápida para cazar al atacante sin tener que gastar un misil mucho más caro en cada intento.

Los nuevos Geran. Rusia está convirtiendo progresivamente estos aparatos en armas bastante más sofisticadas que los primeros Shahed programados para volar hacia unas coordenadas. Algunos Geran-4 examinados en Ucrania incorporan cámaras diurnas, nocturnas e infrarrojas, módems celulares y enlaces capaces de transmitir vídeo casi en tiempo real, mientras determinadas configuraciones permiten introducir al operador humano en el circuito de ataque.

En el Geran-5 se han identificado además sistemas de navegación mediante imágenes del terreno similares conceptualmente a los empleados por misiles de crucero, reduciendo su dependencia de la navegación por satélite. Velocidad, conectividad y autonomía están empezando así a converger en la misma plataforma.

Objetivo económico. Ahí está la paradoja de esta nueva carrera tecnológica. Para destruir drones rusos cada vez más rápidos, Ucrania necesita interceptores con motores, comunicaciones y prestaciones superiores, lo que inevitablemente eleva su coste y complejidad. 

Rusia, mientras tanto, intenta industrializar sus nuevas variantes y la inteligencia ucraniana estima una producción conjunta de Geran-4 y Geran-5 de alrededor de 3.000 unidades mensuales. La guerra que comenzó enfrentando drones baratos de hélice está empujando a ambos bandos hacia máquinas que se parecen cada vez más, en prestaciones y funciones, a pequeños misiles de crucero.

De los 150 km/h a los 600 km/h. La historia de los Shahed en Ucrania se ha convertido en un ciclo acelerado de innovación y contramedidas: Rusia introduce una mejora, Ucrania encuentra una forma barata de neutralizarla y Moscú vuelve a modificar el arma para recuperar la ventaja. 

La aparición de los Geran a reacción ha trasladado ahora esa competición al terreno de la velocidad, obligando a construir interceptores capaces de perseguir objetivos a más de 400 km/h mientras algunos de sus blancos pueden acercarse a los 600. La Fórmula 1 sirve hoy como comparación certera, aunque al ritmo al que está evolucionando esta guerra, puede que pronto deje de servir.

Imagen | GUR

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