Home technologyLos expertos coinciden sobre el uso de la IA para saber si somos guapos: «Son un ecosistema de presión estética sin precedentes»

Los expertos coinciden sobre el uso de la IA para saber si somos guapos: «Son un ecosistema de presión estética sin precedentes»

by markoflorentino@icloud.com


La tecnología ha moldeado la forma en la que interactuamos con el mundo y, por extensión, con nosotros mismos. Durante décadas, el debate sobre los estándares de belleza irreales se centró en el retoque fotográfico tradicional para poder quitarnos las arrugas de la edad o estilizar la figura para entrar en lo que se concibe como el cuerpo ‘modelo’. Sin embargo, la llegada de la inteligencia artificial ha cambiado las reglas del juego y ya no somos espectadores pasivos de cuerpos inalcanzables, sino que ahora tenemos en el bolsillo algoritmos que, en tiempo real, nos devuelven una versión artificialmente «optimizada» de nuestro propio rostro.

Lo están estudiando. La investigación empírica ha comenzado a aislar el efecto específico de los filtros basados en IA frente a la mera exposición a redes sociales. Un robusto estudio publicado en el Journal of Consumer Behaviour analizó a casi 800 usuarios en dos fases e identificó el mecanismo exacto del daño psicológico que genera la IA y la falsa realidad en la que nos mete. 

En este caso, el uso de los filtros de belleza que tienen IA detrás genera una caída directa en nuestra propia autoestima y aumenta el rechazo a nuestra imagen corporal actual. El motivo de esto destaca en la «teoría de la discrepancia» puesto que la IA crea un «yo ideal» hiperrealista, y cuando se apaga la cámara, hay un choque entre la versión algorítmica y el «yo real» que provoca ansiedad. 

Nuevos términos. Este fenómeno ha llevado a la literatura médica a acuñar un nuevo término clínico: la dismorfia de filtro. Aquí una revisión que sintetizó 18 estudios de las últimas dos décadas, concluyó que la amplificación de ideales irreales por parte de la IA y los filtros en general está disparando no solo la insatisfacción corporal, sino también trastornos alimentarios y cuadros de ansiedad y depresión. Y, como es previsible, los grupos más vulnerables son los adolescentes y jóvenes adultos.

Una nueva evolución. Hasta ahora podíamos ver cómo la tecnología nos ofrecía herramientas de filtro para mejorar nuestra belleza y salir más guapos en las fotografías o los vídeos. Pero ahora la IA ha pasado a ser una herramienta de evaluación facial. Es decir, hay gente que se somete al escrutinio de la inteligencia artificial para saber si son guapos o feos, internalizando la mirada de la máquina en el caso de que comiencen a salir muchos ‘defectos’. 

Internalizar este discurso se correlaciona directamente con una baja autoestima y un aumento en los comportamientos compulsivos para mejorar su apariencia.

No hay neutralidad. Aquí un estudio de 2025 nos arroja como dato importante que el 82% de las imágenes generadas por IA carecen de inclusividad cultural. Esto quiere decir que los modelos de evaluación estética como SCUT o MEBeauty presentan disparidades y sesgos éticos significativos, haciendo que la IA imponga ideas de belleza culturalmente restrictivas. 

Tiene impacto. Para dimensionarlo, el informe macroscópico de Dove de 2024, realizado sobre 33.000 personas en 20 países, aporta cifras que contextualizan la gravedad de esta presión estética. Por ejemplo, se proyecta que el 90% del contenido online será en un futuro generado o alterado por IA, pero también se apunta a que 2 de cada 5 mujeres estarían dispuestas a renunciar a un año de su vida a cambio de lograr el «cuerpo ideal». 

Esta exposición a la «belleza digitalmente curada», mediada por algoritmos de redes sociales, tiene consecuencias en el mundo físico, puesto que una revisión sistemática de 2024 estableció una línea causal clara: la insatisfacción corporal derivada de estos ecosistemas digitales empuja al 70% de las mujeres jóvenes y al 60% de los hombres jóvenes a considerar seriamente someterse a cirugía estética.

Los expertos coinciden en el gran problema que implica el uso de la IA con estos fines de buscar la belleza racional y tomar decisiones en base a lo que diga la máquina. Esto es algo que encontramos en declaraciones de Nuria Oliver, doctora en inteligencia artificial por el MIT, para El País, que apunta a lo siguiente: 

“Su impacto en la violencia estética opera en al menos tres niveles relacionados entre sí: la definición activa de cánones de belleza, la modulación de la visibilidad de los contenidos y la incorporación del sesgo estético en los sistemas de análisis y toma de decisiones. Los tres son preocupantes; juntos, constituyen un ecosistema de presión estética sin precedentes”.

Imágenes | Kev Costello

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