Meta ha presentado esta semana unas gafas sin cámara, otras con cámara más finas, un visor de cien gramos y un «llavero» con pinta de Tamagotchi y con 5G. Ninguno ha sido el protagonista real aunque las gafas sean pintonas y el Tamagotchi se haya llevado muchas miradas.
Zuckerberg abrió y cerró la presentación hablando de Muse, su nuevo agente personal, y explicó cómo piensa ganar dinero con él: dejando que sea gratis para casi todo el mundo y cobrando una «pequeña» comisión por cada transacción que complete. Facebook, Instagram y WhatsApp apenas fueron nombradas.
Por qué es importante. Casi todo lo que ingresa Meta sale de los anuncios. Su producto más ambicioso de los próximos años con diferencia, Muse, los deja fuera, al menos como promesa inicial, y apuesta por cobrar un peaje.
- Hasta ahora, Meta ha vendido el tiempo que pasamos usando sus apps.
- Con Muse, cobraría cada vez que el agente compra, reserva o renegocia algo por nosotros. Si nos consigue un seguro de coche más barato, la aseguradora paga a Meta una comisión por haberlo captado gracias a Muse.
Es decir, la segunda mayor empresa publicitaria del mundo ha decidido aparcar los anuncios en su gran apuesta futura justo cuando OpenAI, que nació sin ellos, ya ha activado los anuncios en ChatGPT. Las dos se han cruzado yendo cada una en distintas direcciones.
En detalle. Muse no está orientado como un chatbot clásico que espera que le hagamos preguntas, sino que se alinea más con Instinct: espera a que le encarguemos tareas. Rellena formularios, manda correos, maneja un navegador, dime qué seguro de coche me conviene más, toma el control de mi Mac y paga. Meta presumió de un usuario al que le ha rebajado 85 dólares al mes discutiendo con su compañía de cable en el chat de atención al cliente.
Si leemos todas las novedades presentadas en Connect desde el prisma de Muse, cada dispositivo es una puerta al mismo agente:
- Ray-Ban Meta 3, desde 449 dólares: para quien quiere que Muse vea lo que ve.
- Ray-Ban Meta Audio, 349 dólares: sin cámara, 43 gramos, doce horas de batería. La forma más barata de llevar a Muse al oído todo el día.
- Meta VR Glasses, 1.299 dólares en primavera de 2027: para trabajar o ver películas.
- Muse Charm: un llavero-Tamagotchi con pantalla de dos pulgadas y 5G para hablar con el agente sin sacar el móvil. Sin precio ni fecha todavía.
Las gafas sin cámara cobran así otro sentido más allá de ahorrarse el problema de confianza que puede suponer ir con una cámara junto al ojo. Para pedir los ingredientes de una receta o reclamar una devolución no hace falta ver nada. Basta la voz, que incomoda mucho menos a quien tienes delante.
El rastro del dinero. Amazon bloqueó a Muse la semana pasada porque su negocio publicitario, más de 68.000 millones de dólares el año pasado, necesita que los compradores humanos miren la página mientras elige producto, y así veas los anuncios, los «patrocinado» y demás.
Si es un agente quien entra a comprar por el humano, elige la cafetera y paga, el producto patrocinado se queda sin nadie que lo mire, sin nadie que lo compre desde ahí y por tanto se derrumba el negocio publicitario de Amazon.
Sí, pero. Un agente que le cobra comisión al negocio arrastra el mismo vicio que hemos visto tradicionalmente en negocios como las agencias de viajes: te recomendaban un hotel concreto porque el hotel les pagaba a ellas para que lo hiciera. El incentivo para que Muse prefiera la tienda que mejor le paga viene de serie.
Y para que Muse funcione lo mejor posible necesita que le demos un acceso completo a nuestra vida: al correo, al banco, a la mensajería, a la tarjeta de crédito, etc. Y dárselo a Muse significa dárselo a la gran tecnológica que peor historial tiene en materia de privacidad. Zuckerberg ha prometido una versión en la que ni Meta vería esos datos, pero todavía no ha dado una fecha concreta. Antes de cobrar por nuestras decisiones, tendrá que convencernos de que merece la pena que las tome.
Imagen destacada | Xataka con Magnific
En Xataka | La IA está cambiando la forma de consumir ficción: historias infinitas, fan fiction y fantasías a medida


