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Para ponerte al día, por Fernando Savater

by Marko Florentino
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Amor mío, ya ves como lo impensable termina siendo dolorosamente posible: he llegado a vivir nueve años sin ti. Me da bastante vergüenza, por favor no me lo tomes en cuenta, ha sido sin querer. Por estas fechas he recordado cada año cuando te ausentaste y suelo mandarte una nota confirmando cuanto te añoro, cuanto te llevaste y cómo venero lo que me dejaste, las cosas impregnadas de ti, tus recuerdos. Espera, no te impacientes, hoy no voy a repetir otra vez la letanía. Aunque me tienta, claro, porque es en lo que no dejo de pensar. ¡Anda que no eres pesado ni nada! estarás resoplando, con razón. Pues mira, sorpresa: no voy a hablarte de cómo sigo yo, arrastrando tu ausencia, sino del mundo, de cómo va el mundo que dejaste atrás y que tan difícil de soportar resulta sin ti. Ese mundo que en parte recorrimos juntos, ¿te acuerdas, vida?, cuyas bellezas me descubriste, cuyos dolores me señalaste y de cuyos presentes avatares no dejo de comentar contigo, aunque sin respuestas. Pero supongamos que ahora, con tanto tiempo libre como tienes (vamos, creo yo) te aburres un poquito y a veces te gustaría saber cómo van las cosas, que queda de lo que te preocupó en vida, de lo que te gustaba y de lo que detestabas, del rincón del planeta que compartimos, sobre todo de España. De la insoportable España por la que tanto te vi luchar con tu alma valerosa y peregrina, el fulgor de cuyo temple aún me ayuda a veces, cuando ya no puedo más. 

Por aquí todo va peor, cariño. Todos los que no nacieron a tiempo para estropear la Transición la odiaron desde el primer momento a pesar de cuánto le debían. Incapaces de luchar contra la dictadura cuando la hubo, han decidido combatir la no dictadura para compensar. Lo característico de nuestra Transición y de la Constitución del 78 fue la colaboración leal entre derecha e izquierda para crear una democracia que funcionase restañando viejas heridas y sin abrir otras nuevas. Insisto: la derecha (exfranquistas, liberales, demócrata cristianos, monárquicos, republicanos conservadores, etc…) trabajó tanto como la izquierda y mas en ciertos casos en traer las instituciones democráticas a nuestro país. Tú siempre lo viste muy claro y me insistías en ello cada vez que me afloraba el gochista sectario que es marca de fábrica de mi generación. Uno de las pocas ventajas colaterales que trajo el hostigamiento terrorista en el País Vasco fue acostumbrarnos a la colaboración contra el separatismo con quienes tenían ideas políticas distintas a las nuestras, aunque siempre constitucionales.

«España es única en el mundo, no sólo por el jamón de pata negra y la paella, sino por estar gobernada por quienes pretenden abolirla como nación»

Si entonces alguien nos hubiera preguntado de quien nos sentíamos mas próximos política y humanamente, si de Jon Idígoras o de María San Gil, de Josu Ternera o de Jaime Mayor Oreja, nos hubiéramos echado a reír. Sabíamos cual era nuestro campo, con quien había que defender la joven y aún tenue democracia y contra quién. Pues bien, esa armonía en lo fundamental que no evitaba muchas discrepancias accesorias (la sal y pimienta de la vida), se ha venido abajo. Y desde luego por culpa de la sedicente izquierda, que hoy ha convertido la pugna con la derecha y el bloqueo permanente de la alternancia en el poder en su fundamental razón de ser. A la hora de votar, personajes de ínfima categoría del partido socialista (del mismo modelo aunque empeorado de otros detestables que tu llegaste a conocer) se justifican diciendo “o nosotros o la derecha” y reciben los sufragios no siempre entusiastas pero resignados de unos ciudadanos “de izquierdas de toda la vida” que lo único que han demostrado toda la vida es una abismal estupidez política. ¡Que no pase nunca más la derecha! Es su grito de guerra, evidentemente contrario al sistema democrático. Y así dejan fuera de juego a la mitad del país, que tiene que soportar como un yugo unos cuantos dogmas ideológicos cuya demostrada ineficacia en muchos lugares y ocasiones debe olvidarse en vista de sus nobles propósitos.

Como la mayoría que alcanzan en las urnas es insuficiente (o inexistente) los socialistas de la sanchezfera –perdona pero ahora la moda es hablar así, una gilipollez mas entre tantas- tienen que buscar el apoyo de los separatistas de toda la periferia. No hace falta que te describa como son los separatistas, los padeciste en la pobreza de tus primeros años en Cataluña y luego junto a mí en el País Vasco encharcado de sangre. Son estreñidos intelectuales a los que ningún purgante de la historia o la realidad logra hacer cagar una idea válida; su obsesión es borrar lo español, tanto la lengua como las tradiciones o las instituciones comunes, de su existencia angosta y paranoica… sin comprender que lo único que aún les hace existir es precisamente la madre España, irónica aunque generosa. El socialismo siempre fue el auténtico microbio del escorbuto nacionalista: su pretensión de imitar la ceguera antisistema (o sea, antidemocrática y antiespañola) de los radicales comunistas, a los que siempre han admirado porque son los únicos mas equivocados que ellos que conocen, les ha ido llevando a convertirse en los potenciadores políticos del separatismo, el eterno carlismo,  la plaga endémica en España y encargada de frenar nuestro desarrollo como democracia liberal. ¡El socio-carlismo, nuestros auténticos y terribles fantasmas familiares, no ese inocuo contubernio judeomasónico que preocupaba tanto a Franco, eterno optimista! De modo que hoy el gobierno socialista ha tenido que inventarse una ley de amnistía para borrar todo rastro de culpa en los separatistas que pretendieron por las malas proclamar la independencia de Cataluña y convertir a la mitad de los catalanes, que se saben y se reclaman españoles, en extranjeros en su propio país. España es única en el mundo, no sólo por el jamón de pata negra y la paella, sino por estar gobernada por quienes pretenden abolirla como nación

Como te puedes imaginar, toda esta desdicha no sólo suscita críticas sino también desaforadas apologías de los paniaguados que se prostituyen para sacar ventajas del desorden de las cosas: saben que cuanto más vil es el amo al que uno sirve, más salario puede esperarse por embellecerle la cara… o limpiarle el culo. El escuadrón intelectual de estos obsequiosos mamporreros va encabezado por El País y la cadena SER, ambos medios degradados hasta lo incalificable, y otros reptiles menores y por tanto aún mas obsequiosos como el Huffington Post. Yo intenté mantener mi independencia crítica en la colaboración semanal en El País (ya sabes que puedo ser bastante tocapelotas cuando quiero) hasta que finalmente me pusieron de patitas en la calle. Me fui con la cabeza alta y la bolsa vacía, como suele pasarme, pero aprendí bastante sobre periodistas e intelectuales a los que incluso tuve por amigos. ¡Vaya tropa!

Pero no me engaño, nada de lo que te cuento me importa demasiado. Desde que me cegó tu ausencia, ya nada cuenta de verdad para mí. Guardo en la memoria algunos paisajes pero he perdido lo que quise como patria. Todo lo que fui se declina ya en pasado: español, profesor de filosofía, escritor, amante… Me voy quedando sin apenas nada y desde luego he perdido toda ambición. Que nadie me ofrezca fama, honor o riqueza salvo que pretenda hacerme reír. Sólo sueño con lo imposible: una última tarde de verano contigo, los dos juntos y solos, frente al mar.





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