Cuando pensamos en la antigua Roma la primera imagen que se nos viene a la cabeza es la de patricios con togas, el Coliseo, legionarios y próceres reunidos en el Senado. Esa sin embargo es solo una parte del Imperio. La «Roma de mármol», como la resumía hace poco el arqueólogo Ángel A. Jordán en una entrevista con El Periódico. Otra, igual de importante y mucho menos conocida, es la «Roma de barro», aquella formada por la gente que vivía alejada de la metrópolis y dedicaba sus días a trabajar, beber y jugar, pasaba hambre, amaba y lloraba a sus muertos.
Esa última Roma es la que Jordán y sus compañeros están descubriendo poco a poco en Cabeza Ladrero, un yacimiento de Cinco Villas, provincia de Zaragoza.
En un lugar de Aragón… Quizás no sea el yacimiento más conocido de España, pero Cabeza Ladrero ha demostrado que es una caja de sorpresas para los arqueólogos interesados en la historia de Aragón. Situado en las estribaciones prepirenaicas, cerca de Sofuentes, su tierra estuvo ocupada durante siglos y jugó un papel clave en la calzada que mandó construir Augusto y recorría la zona.
De ahí que desde 2016 los investigadores hayan realizado varias campañas para asomarse a los secretos de una población que, se calcula, abarcó 19 hectáreas y se extendió desde la edad de Bronce final hasta la tardoantigüedad, entre los siglos VI y IX d.C., un período que ha dejado un buen puñado de vestigios. El año pasado, por ejemplo, se anunció el descubrimiento de una vía romana.
¿Por qué es noticia? Porque tras ocho campañas, acaba de ponerse en marcha una nueva excavación en el yacimiento. Lo reveló hace unos días El Periódico de Aragón, que de paso charló con el director del proyecto, Ángel A. Jordán, sobre el objetivo que se ha marcado el equipo para este año: aclarar por qué la población decayó, algo difícil de entender con los datos que han recabado hasta ahora.
«Es una ciudad que a priori tiene agua porque está emplazada en un sitio en donde hay muchos manantiales, es una zona privilegiada con tierras muy buenas agrícolamente… Es una gran incógnita por qué dejó de habitarse la ciudad. En el siglo VII ya no existe», detalla el experto. La crónica de Cabeza Ladrero puede extenderse por lo tanto desde el IX o VIII a.C. hasta ya avanzada nuestra era, aunque se cree que alcanzó su época de esplendor durante la época romana.
Una incógnita, dos teorías. Aunque serán las excavaciones las que (se espera) esclarezcan el misterio, Jordán y su equipo parten ya con algunas teorías sobre la mesa. Una es que el asentamiento sucumbiera a ataques externos. «El año pasado la excavación nos empezó a dar elementos curiosos. Están apareciendo pequeños restos que han nos están indicando presencias de fuego, están apareciendo cenizas en diferentes puntos de la calle y eso nos da que pensar que pudo abandonarse por algún hecho violento», admite en El Periódico.
«Teniendo en cuenta que no llega al siglo VII la ciudad y que se ven síntomas de destrucción, igual podríamos estar ante algún tipo de ataque, sobre todo de los bagaudas, grupos rebeldes que actuaron en el valle del Ebro durante los siglos V y VI y que saquearon varias ciudades de la región», apostilla el experto.


La otra sospechosa. La segunda hipótesis es que fuese la enfermedad la que acabó con los lugareños. Como recuerda Jordán, se sabe que en el siglo VI hubo «una epidemia brutal de peste negra» que tuvo consecuencias devastadoras.
«Se estima que en muchas partes del imperio llegó a morir hasta el 25%», precisa el director del proyecto arqueológico antes de recordar que sí hay constancia de otro fenómeno: un traslado de población a Los Bañales, asentamiento romano situado no muy lejos de Cabeza Ladrero y que llegó a ser una próspera villa.
La «Roma de barro». Más allá de su relevancia geopolítica, de su rol en el sistema de calzadas o los detalles de su crónica, hay otra razón por la que Cabeza Ladrero resulta tan especial: nos ofrece una ventana a la «Roma de barro», la que completa la imagen de la «Roma de mármol» que suele transmitir el cine y ha conformado el tópico del imperio. Al fin y al cabo en el yacimiento aragonés los arqueólogos han encontrado mucho más que viales y antiguos miliarios.
Jarras y juegos de mesa. Durante sus excavaciones los investigadores han encontrado jarras que nos hablan de su afición a la bebida y varias fichas que, creen los expertos, pudieron formar parte de un antiguo juego de mesa.
«Era gente que vivía, se emborrachaba y se robaban unos a otros; pero también amaban y eso en la necrópolis lo hemos podido ver muy bien», relata Jordán en El Periódico. «Efectivamente, jugaban porque tenían que divertirse y, si no, se aburrían como ostras. Organizaban torneos y los críos tenían sus juguetes».
Imágenes | Wikipedia 1 y 2
Vía | El Periódico de Aragón
En Xataka | Bajo un instituto, Roma ha encontrado algo impresionante: una «domus» perfectamente conservada del siglo II

