Extremadura acaba de iniciar la campaña de uno de los cultivos en los que destaca ya no solo a nivel nacional sino a escala europea: el tabaco. En los últimos días los plantones han empezado a salir de los viveros rumbo a las comarcas donde se concentra alrededor del 98% de toda la producción del ‘tabaco made in Spain’.
La noticia es interesante no solo por lo que supone para regiones como Campo Arañielo, La Vera, Alagón, Talayuela o Navalmoral de la Mata, donde trabajan los agricultores dedicados al tabaco. Este año el sector está acaparando atención también por el contexto, marcado por dos factores en apariencia contradictorios: la incertidumbre y el aumento tanto de hectáreas cultivadas como mercancía contratada.


¿Se va a cultivar más? Así es. Coincidiendo con el inicio de la campaña extremeña, la Federación Nacional de Cultivadores de Tabaco confirmaba hace unos días a la agencia Efe Agro que este año se plantarán 6.496 hectáreas, casi un 7% más que el año pasado. El dato sigue muy lejos de la superficie cultivada a comienzos de la década pasada, cuando en España se superaban las 10.000 hectáreas, pero mantiene la tendencia de crecimiento de los últimos años. De hecho, supera los datos de 2022, 2023 y 2024 registrados por el Gobierno. A la espera del balance final de 2025, el año pasado el sector hablaba de una superficie de 6.400 ha en todo el país.
El terreno cultivado no es lo único que aumenta. Hay señales que indican también un incremento de la cantidad de tabaco reservado por parte de los operadores del sector. La Organización Interprofesional del Tabaco de España (Oitab) ha elevado su contratación en Extremadura a 23,69 millones de kilos, unos 723.600 kilos más que en 2025. La firma pública Cetarsa también comprará un 5% más que la pasada campaña, lo que equivale a 16,65 millones de kilos. A mayores, Deltafina comprará 3,62 millones y Mella 3,41.
¿Son buenas noticias para el sector? El director de Oitab defiende que el aumento es «muy positivo» y recuerda que el sector lleva ya cinco años creciendo. Sin embargo no todos son buenas noticias para los agricultores extremeños, que esta campaña se verán obligados a lidiar con un escenario marcado por la incertidumbre. La resaca de la guerra de Irán les obligará a lidiar con el aumento del precio del combustible y de los fertilizantes, pero sobre todo están pendientes de otra cosa: el rendimiento de la cosecha.
Como explican los agricultores a El Periódico, cultivar más hectáreas no significa necesariamente que vayan a ganar más dinero. De hecho, un 7% más de superficie sembrada tampoco garantiza que vayan a cosechar un 7% más de tabaco. En marzo Asaja ya alertaba de las consecuencias que tendrán las restricciones de ciertos productos fitosanitarios. En concreto el organismo criticó dos medidas: el veto al Dicloropreno 1.3 y las restricciones al Metam Sodio.
¿Tan importante es? Dionisio Sánchez, gerente de la Sociedad Agraria de Transformación (SAT) Asociación Agrupación TAB, la mayor cooperativa de productores, se quejaba hace poco en El Periódico de que el sector no tiene los mismos recursos que otros años para tratar los campos, y advertía de las consecuencias de esas restricciones: «No tenemos medios de producción».
«Los rendimientos van a disminuir, muchos agricultores han puesto más hectáreas para ver si pueden conseguir los mismos kilos», insistía. A ese factor se añade otro que explica también el aumento de superficie cultivada: la paulatina pérdida de atractivo del maíz ha llevado a algunos agricultores a abandonar el cereal y pasarse al tabaco.
El colectivo tampoco está del todo conforme con los precios de las empresas que trabajan con sus cultivos. Por ejemplo, aunque Cetarsa subirá ligeramente el dinero que abona por cada kilo de tabaco, en el sector hay quien cree que no es suficiente. Sobre todo porque los cálculos se realizaron antes de que la guerra de Irán afectara a los precios de dos insumos clave para los agricultores (tanto los dedicados al tabaco en Extremadura como el resto): gasóleo y fertilizante. Probablemente ese cambio de escenario se tenga presente en junio, cuando se revisen los volúmenes contratados.
¿Es solo agricultura? No. Como insisten con frecuencia desde el sector, la industria del tabaco tiene una dimensión económica y social que va más allá de las parcelas cultivadas. Fernando Vaquero, director de Oitab, recuerda por ejemplo que solo en Extremadura hay alrededor de 20.000 familias que dependen del cultivo. El año pasado AFI y la Mesa del Tabaco publicaron un estudio que estima que el sector genera 69 millones de euros de valor añadido en Extremadura y sostienen unos 1.050 empleos directos.
¿Cómo afecta a la población? Si el dato no fuera importante de por sí hay otro factor a tener en cuenta: buena parte de ese pulso económico late en áreas rurales, lo que demuestra para el sector su valor a la hora de fijar “tejido productivo y empleo local”. Si se amplía el foco y se va más allá de la agricultura, AFI calcula que el tabaco deja en Extremadura 126 millones.
A ese impacto habría que sumarle el que deja en Castilla y León, Castilla-La Mancha o Extremadura (donde también hay plantaciones) y Canarias, Cantabria y Madrid, que también se benefician de la cadena de producción de la industria. Quizás para respaldar esa actividad, la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible de Extremadura anunciaba hace poco que destinaría cinco millones de euros a la ayuda a la Producción Integrada de Tabaco a 500 agricultores.
¿Es todo positivo para el sector? No. Por más que la superficie cultivada crezca este año en Extremadura, los datos del ministerio muestran que en España se sigue dedicando mucho menos terreno al tabaco del que se usaba en 2014. También la producción es claramente inferior. No es algo que ocurra solo en nuestro país. La UE reconoce que el cultivo ha ido disminuyendo de forma progresiva en las últimas décadas, y de una forma clara además: de las 400.000 t de comienzos de los 90 se pasó a 140.000 t en 2018, un ejercicio en el que la superficie cultivada a nivel comunitario rondaba las 66.000 ha, la mitad que en 2001.
Esa tendencia coincide con una clara disminución en el consumo de tabaco a nivel mundial, incentivado en gran medida por las campañas de sensibilización y una legislación que limita por ejemplo su publicidad. Si en 2000 fumaba de media el 32,7% de la población, el año pasado ese porcentaje se había reducido hasta rondar el 20,4%. En el caso concreto de España ha disminuido también el consumo por persona y se ha desplomado su popularidad entre los más jóvenes. Solo el 4,3% de los estudiantes de 14 a 18 años fuma a diario.
¿Qué dice el sector? Advierte que el debate no debe centrarse en los agricultores. De hecho Sánchez advierte de la «hipocresía» que supondría restringir el cultivo del tabaco en Europa mientras la gente sigue fumando. «El tabaco entonces vendrá de fuera», zanja. IFA calcula que las empresas extremeñas exportan cada año cerca de 70 millones de euros en hoja de tabaco, el 74% de su producción.
Imágenes | Irewolede (Unsplash) y MAPA

