
Cuando los países africanos obtuvieron su independencia del dominio colonial europeo a mediados del siglo XX, la construcción nacional implicó mucho más que el establecimiento de nuevos gobiernos e instituciones políticas. Los nuevos Estados soberanos también necesitaban definir una identidad construida que los distinguiera de su pasado colonial, por lo que la arquitectura se convirtió en una herramienta clave en este proceso. A lo largo del continente, se encargaron monumentales edificios cívicos, universidades, centros de convenciones e instituciones culturales para encarnar el progreso y la unidad nacional. Sin embargo, esto generó una contradicción fundamental: muchos de estos edificios adoptaron lenguajes arquitectónicos modernistas y brutalistas originados en Europa, e incluso algunos fueron diseñados por arquitectos y arquitectas de las antiguas potencias coloniales. La Maison du Peuple en Uagadugú, Burkina Faso, ofrece un ejemplo particularmente revelador de cómo un lenguaje arquitectónico asociado con Europa pudo ser apropiado y transformado en una expresión de independencia poscolonial.
El territorio que hoy conocemos como Burkina Faso cayó bajo el dominio francés en 1901, tras vencer la resistencia del pueblo mossi y capturar Uagadugú. Así se formó la colonia del Alto Volta Francés, que se incorporó a la federación del África Occidental Francesa. En 1960, obtuvo su independencia junto con otros dieciséis Estados africanos, lo que dio origen a la República del Alto Volta. El cambio de nombre a Burkina Faso ocurriría más tarde, en 1984, bajo la presidencia de Thomas Sankara.
