Home technologyAntes los millonarios se compraban relojes de 400.000 euros porque molaban. Ahora lo hacen porque no hay mejor inversión

Antes los millonarios se compraban relojes de 400.000 euros porque molaban. Ahora lo hacen porque no hay mejor inversión

by markoflorentino@icloud.com


Cuando alguien paga 30.000 euros por un bolso de Hermès o seis cifras por un reloj de edición limitada, la explicación más habitual suele ser la misma: lujo, ostentación o el simple capricho de un millonario que apenas notará el mordisco en su cuenta corriente. Sin embargo, para la mayoría de las grandes fortunas, estos bienes cumplen una función mucho más práctica: son inversiones con una alta rentabilidad.

Desde hace años, los ultrarricos han convertido determinados bienes de lujo en una categoría propia dentro de sus carteras. Bolsos exclusivos, relojes de edición limitada, coches de colección, joyas y obras de arte han pasado de ser símbolos de estatus a convertirse en activos  de inversión alternativos capaces de generar rentabilidades que, en determinados casos, han rivalizado (e incluso superado) a las de muchos mercados financieros.

Bolsos que rinden más que las acciones. Hermès solo fabrica lo justo como para mantener una economía de escasez en sus productos. Los Birkin y los Kelly tienen listas de espera de años y no todo el mundo puede comprar uno de esos modelos: debes ser merecedor de ellos. Por ello, muchos clientes nunca llegan a comprar uno. Esa escasez premeditada convierte cada bolso en algo parecido a una acción con opción de compra muy limitada. Cuantos menos hay, más sube su precio en el mercado de segunda mano. Ahí está su rentabilidad.

El caso más extremo es el primer Birkin de Jane Birkin, vendido por 10,1 millones en Sotheby’s París. Jane Birkin murió en 2023 pero, en una entrevista para la CNN en 2020, contó que «cuando yo haya muerto [la gente] probablemente solo hablará del bolso».

Según un estudio de Baghunter recogido por la CNBC, un Birkin se revalorizó de media un 14,2% al año entre 1980 y 2015. El índice bursátil S&P 500 rindió un 8,65% real en ese mismo periodo. La demanda ahora se dirige a los bolsos de lujo de segunda mano, los llamados beater bags, muy buscados por compradores jóvenes a los que los fabricantes no ofrecen opciones de compra para los nuevos modelos.

Relojes con aires de plan de pensiones. Con los relojes de lujo sucede algo muy parecido, aunque con algunas diferencias. Marcas como Rolex o Patek Philippe fabrican pocas unidades de sus modelos más deseados y exclusivos. El resto se reparte entre distribuidores con listas de espera larguísimas. Quien logra comprar uno a precio oficial puede revenderlo de inmediato obteniendo beneficio en la venta por la alta demanda de determinados modelos. El problema es encontrarlo en tienda o tener la suficiente paciencia para esperar durante meses para venderlo inmediatamente.

Entre 2020 y 2022, la fiebre por estos relojes convirtió la reventa en una especie de bolsa paralela. El Rolex Daytona llegó a venderse por tres veces su precio de tienda. La burbuja se pinchó cuando subieron los tipos de interés, pero el mercado se recupera poco a poco. Según el Índice de Inversión en Lujo de la consultora Knight Frank el mercado de los relojes de lujo subió un 5,1% el último año: Rolex avanzó un 4,6% y Patek Philippe lideró con un 12,1%. En la última década, ese mismo índice se ha revalorizado un 125%, muy por encima de la media del resto de bienes de lujo.

Coches que suben de precio nada más salir del concesionario. Por lo general, un coche normal pierde parte de su valor en cuanto sale del concesionario. Sin embargo, determinados coches de colección se comportan de forma totalmente opuesta: valen más de segunda mano que nuevos. Cuanta menos gente puede comprarlos, más sube su precio entre coleccionistas.

El Ferrari F50 de Ralph Lauren es buen ejemplo. Hace una década, su propietario original pagó un millón de dólares por él. Aquel ejemplar amarillo se vendió por 9,2 millones de dólares en una subasta de la Semana del Automóvil de Monterey. Ese salto en su cotización supera con creces el 261% que ha rentado el S&P 500 en los últimos diez años. En la misma subasta, otros modelos clásicos batieron récords en su cotización. El mejor ejemplo fue el de un Mercedes Benz 300 SL Gullwing de 1956 sin restaurar, que alcanzó una puja de 4,4 millones de euros en la subasta de Artcurial en París.

El arte como valor refugio. El arte sigue siendo la categoría más resistente en cuanto a inversiones para los millonarios. Una obra maestra no se puede reproducir ni fabricar de nuevo, por lo que la economía de la escasez es intrínseca al sector. Su valor depende de cuántos coleccionistas la quieren, no de la economía del momento o lo que vale el cuadro en sí mismo.

A finales de 2025, un retrato de Gustav Klimt se subastó por 236,4 millones de dólares en Sotheby’s Nueva York. Fue la segunda pintura más cara jamás subastada. Según el informe de Knight Frank, el conjunto del mercado del arte ha crecido un 11% con respecto al año anterior. Eso significa que quien hubiera invertido un millón de dólares en arte en 2005, según la consultora, dos décadas más tarde tendría unos 5,4 millones. Es algo más que los 5 millones que habría ganado invirtiendo la misma cantidad en el S&P 500 en el mismo periodo…y además ha decorado las paredes de su mansión durante todo ese tiempo.

Cuando alguien compra un Birkin, un reloj exclusivo y raro o un Ferrari de coleccionista, no siempre busca presumir. Muchas veces lo hace por lo mismo que cualquier ahorrador cuando mete dinero en un fondo de pensiones. Con la salvedad de que su plan de jubilación se guarda en un garaje o está colgado en la pared.

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Imagen | Unsplash (Rhys S), Hermès



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