Durante años, el vino ha ocupado un lugar peculiar en las conversaciones sobre si de verdad es bueno o no para nuestra salud. Se ha hablado de sus polifenoles, de sus supuestos beneficios cardiovasculares y de los estudios que lo relacionan con una mayor longevidad, pero ahora se apunta a que la vida social que lo suele acompañar es lo que de verdad puede estar ayudando.
Tener una buena vida social sí que se relaciona con vivir más, como apunta un estudio publicado en PLoS Medicina que reunió a más de 300.000 participantes. Aquí sus autores encontraron que las personas con relaciones sociales más fuertes tenían una mayor probabilidad de vivir más tiempo. Y la asociación se mantenía incluso teniendo en cuenta factores como la edad, el sexo o el estado de salud inicial.
Pero en el sentido contrario, la ciencia también ha visto que mantenerse aislado y en soledad aumenta el riesgo de mortalidad. En otras palabras, hay una base científica bastante sólida para decir que el aislamiento social es un factor relevante para la salud y que mantener vínculos sociales se asocia con mejores resultados a largo plazo.
El papel del alcohol. Para algunas personas, lograr estas relaciones sociales puede ser un auténtico reto por su personalidad, y es por ello que se apunta a que el alcohol puede tener un efecto positivo en este punto de nuestras vidas. Y aquí un experimento con 720 personas apuntó a que, en determinadas ocasiones, el alcohol aumenta el efecto positivo y la sensación de vínculo entre los participantes.
La razón puede estar en que el alcohol puede reducir la inhibición y favorecer que algunas personas hablen, rían o interactúen con una mayor facilidad. Pero hay una diferencia entre decir que el alcohol puede facilitar una interacción social puntual y afirmar que el alcohol mejora nuestra salud a largo plazo.
Lo que pensábamos. Durante mucho tiempo, numerosos estudios encontraron que quienes consumen pequeñas cantidades de alcohol presentan, en algunos análisis, una mortalidad inferior a la de los abstemios. Y esta idea sin duda caló entre la sociedad, sobre todo la famosa curva en forma de J que apunta a que poco alcohol parecía asociarse a mejores resultados, mientras que el aumento de este se relaciona con riesgos más lesivos.
Pero la ciencia analizó estos estudios que justifican el consumo de un poco de alcohol, y se vio que muchos de estos presentaban problemas metodológicos, entre ellos la composición del grupo de referencia. Por ejemplo, algunas investigaciones incluían a antiguos bebedores dentro del grupo de «abstemios», aunque hubieran dejado de beber precisamente por problemas de salud. Y esto puede hacer que el grupo de personas que no beba parezca artificialmente más enfermo y que el consumo de alcohol parezca más saludable.
El vino es una de las bebidas alcohólicas que se ve como más saludable debido a sus compuestos bioactivos como, por ejemplo, el resveratrol, catequinas y quercetina. Pero aquí debemos tener en cuenta que una sustancia presente en un alimento tenga efectos biológicos potencialmente positivos no significa que consumir la bebida que la contiene sea beneficiosa para la salud.
Además, la evidencia no respalda con claridad que el vino tenga una ventaja especial respecto a otras bebidas alcohólicas.
Si le quitamos alcohol. Ante esta tesitura, se puede llegar a pensar que el vino tinto sin alcohol puede tener algunos beneficios positivos relacionados con estos compuestos fenólicos. Pero aunque la ciencia ha encontrado algo en ese sentido, todavía hay bastante incertidumbre para extraer conclusiones firmes sobre el efecto a largo plazo.
No hay consumo seguro. Aunque como sociedad tratamos de justificar el consumo de alcohol, ya sea porque mejora nuestras relaciones sociales o para reducir nuestro estrés oxidativo, la realidad es que la OMS apunta a que no existe un nivel de consumo que sea seguro para la salud. Hay que recordar que el alcohol está clasificado como carcinógeno del grupo 1 por la IARC, y su consumo aumenta el riesgo de distintos tipos de cáncer.
La OMS recuerda, además, que incluso cantidades relativamente pequeñas de alcohol pueden incrementar el riesgo de determinados cánceres, y no importa que proceda de vino, cerveza o destilados: lo relevante en este contexto es el etanol.
La conclusión del vino. Con toda esta información, podemos saber que no hay pruebas sólidas de que beber vino alargue la vida. Sí que existen pruebas que apuntan a que las relaciones sociales de calidad son importantes para nuestra salud y que las personas socialmente conectadas presentan, de media, mejores resultados de supervivencia.
Imágenes | Airam Dato-on
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