
«Quiero empezar agradeciendo a la arquitectura misma.» Con estas palabras, el arquitecto chileno Smiljan Radić, el 55º ganador del Premio Pritzker de Arquitectura, abrió su discurso en la Ciudad de México. Reflexionando sobre lo que él llama «distracciones», agradeció los muchos encuentros que lo han acompañado a lo largo de su vida y práctica: desde el arte, las ciudades, los materiales, las estructuras y las composiciones hasta los paisajes, la poesía, la naturaleza, las formas, las historias y los recuerdos. Habló sobre lo que, dentro de ellos, lo provocó y las huellas que dejaron en su imaginación arquitectónica.
Desde la luz negra en Chandigarh y el interior de San Salvatore en Rialto, hasta los montones de piedra en la isla croata de Brač; desde las columnas caídas del Templo de Poseidón y los pueblos abandonados esparcidos por Chile, hasta People Meet in Architecture, la Bienal de Arquitectura de Venecia de Kazuyo Sejima en 2010, el circo chileno itinerante y el silencio del agua dentro de las cisternas de Santa Sofía, su discurso se desarrolló como un tributo a momentos, encuentros y distracciones. Un collage de memorias e impresiones que, juntos, moldearon al arquitecto que se convirtió.
