Sobre estas líneas hay una cabra montesa (a la izquierda) y a su derecha, su primo africano: el arruí. Hace más de medio siglo que se introdujo deliberadamente en el sureste peninsular español para cazar y repoblar aquellas zonas montañosas yermas. Desde entonces, arrastra la etiqueta de especie invasora. Pues bien, un estudio del CSIC no piensa lo mismo.
No tienen la misma dieta. De acuerdo con la legislación española vigente, para que una especie sea considerada como invasora debe cumplir tres criterios: su carácter exótico, su capacidad de establecimiento y dispersión y que constituya una amenaza probada en el ámbito ecológico, económico y sanitario. Algunas de las explicaciones habituales para el tercer punto es que rivaliza en recursos con su homólogo autóctono, en este caso que competiría por el alimento con la cabra montesa.
El equipo de investigación del CSIC analizó la dieta de ambas especies para llegar a una conclusión: el arruí y la cabra montesa comen distinto. Mientras que el primero prefiere la hierba, la segunda come sobre todo arbustos. Al tener un nicho alimentario distinto, no compiten entre sí aunque compartan monte.
Por qué importa. Que una especie sea clasificada como «invasora» no es un simple apellido: determina su régimen legal y qué medidas se deben tomar para favorecerla, controlarla o hasta erradicarla. De ahí la relevancia de este estudio del CSIC: puede cambiar cómo se considera y gestiona ambientalmente al arruí en España.
Y como explica la Asociación de Naturalistas del Sureste, la descatalogación también abriría la puerta a una caza sin las restricciones actuales, que hoy solo permiten cazarlo para frenar su expansión. Es decir, no es solo un debate científico: también hay intereses económicos de por medio.
Contexto. El arruí procede de las montañas del norte de África. En 1970 llegaron ejemplares procedentes de los zoológicos de Casablanca y Frankfurt a Sierra Espuña, en Murcia. La idea era tener una nueva especie de caza. Desde entonces, se ha extendido por otras sierras del sureste de la península. Este estudio del CSIC es el último en cuestionar que el arruí sea una especie invasora, pero no el primero: ya en 2018 otro trabajo del CSIC señalaba que incluirlo en esa lista fue un error de interpretación.
En detalle. El equipo trabajó en sierras murcianas donde a veces coexisten ambas especies y en otras solo está presente una de ellas, lo que les permitió comparar directamente el efecto de la convivencia sobre la dieta. De su observación saben que el arruí es un pastador y tiene un 57% de herbáceas en su dieta, mientras que la cabra montesa es un ramoneador y su dieta la componen los arbustos en un 63%. De hecho, la observación en el campo les ha permitido detectar la formación de grupos mixtos de arruís y cabras montesas, pastando en proximidad, sin conflictos entre ellos.
No está del todo claro. El CSIC y el sector cinegético llevan años apostando por la descatalogación del arruí como especie invasora, pero no todo el mundo está de acuerdo. Otro estudio reciente ha recordado que la competencia entre ambas especies es algo más complejo y que va más allá de la dieta. De hecho, en algunos casos la propia cabra montesa es la que limita la expansión del arruí, lo que también constituye una interacción competitiva.
Por otro lado, el impacto del arruí varía en función del contexto geográfico: en ecosistemas insulares como La Palma, sí que hay indicios de daño a la flora endémica, que no está preparada para la presencia de grandes herbívoros exóticos. Así que sobre el arruí y su estatus de invasor aún no se ha dicho la última palabra.
Portada | Suzelfe y Thomas Holbach


