Home technologyEn Europa existe un museo dedicado a grandes productos fallidos. Detrás está un antiguo empleado de Google

En Europa existe un museo dedicado a grandes productos fallidos. Detrás está un antiguo empleado de Google

by markoflorentino@icloud.com


Estamos acostumbrados a entrar en un museo para encontrarnos con aquello que merece ser recordado. En España basta pensar en el Prado, el Reina Sofía o el Guggenheim Bilbao, pero también tenemos espacios dedicados a historias mucho más recientes, como OXO Museo del Videojuego Madrid o el Museo de Historia de la Computación, situado en Majadas de Tiétar. En unos contemplamos obras que atravesaron siglos; en otros, máquinas y dispositivos que ayudan a contar cómo llegamos hasta aquí. Pero en Europa hay quien decidió conservar justo lo contrario: productos que prometían mucho y acabaron saliendo mal.

Ese lugar está en Oslo y se llama FLOP Museum. El proyecto nació en 2025 y desde el 15 de abril de 2026 cuenta con una sede en la capital noruega dedicada a reunir productos e ideas que el propio museo considera grandes «flops». Detrás está Steffen Kalve, fundador del proyecto y antiguo empleado de Google. Esta etapa tiene además fecha de caducidad: la web del museo anuncia que este será su último otoño en Oslo y que después los objetos saldrán al mundo, aunque todavía no ha detallado cuál será su próximo destino.

Una vez dentro, la escala sorprende. FLOP Museum reúne más de 270 objetos y mantiene alrededor de 100 expuestos al mismo tiempo, suficientes para recorrer décadas de apuestas comerciales que no terminaron como sus responsables esperaban. Algunas piezas resultarán inmediatamente reconocibles; otras obligan a detenerse para entender cómo llegaron siquiera al mercado. Esa variedad es parte de la gracia del recorrido: aquí pueden convivir unas gafas inteligentes de Google con una bebida transparente, una muñeca conectada o una máscara facial eléctrica.

Aquí también se conserva el fracaso

Entre las piezas tecnológicas aparecen varios nombres que hemos visto pasar por la industria. Google Glass quiso llevar una cámara, una pantalla e información digital directamente a nuestra vista, pero su elevado precio, las preocupaciones por la privacidad y la falta de una utilidad clara lastraron su recorrido entre los consumidores. Google acabaría reconduciendo Glass hacia el mercado empresarial antes de dejar de vender Glass Enterprise Edition en 2023. 

También hay sitio para el MiniDisc de Sony, concebido en los noventa como un sustituto digital y grabable del cassette: tuvo éxito especialmente en Japón, pero no logró imponerse globalmente como Sony esperaba, lastrado inicialmente por su elevado precio y posteriormente por el auge de los reproductores MP3 y el iPod. My Friend Cayla tomó otro camino: la muñeca respondía mediante Bluetooth y una aplicación, pero una investigación del Norwegian Consumer Council encontró graves problemas de seguridad y privacidad, y Alemania terminó considerándola un dispositivo de vigilancia ilegal.

Flop Museum 3
Flop Museum 3

El recorrido se vuelve bastante más extraño cuando dejamos atrás la tecnología. Entre las piezas aparecen Crystal Pepsi, la cola transparente que Pepsi lanzó en los años noventa; Rejuvenique, una máscara facial que utilizaba 26 electrodos para aplicar estimulación eléctrica sobre el rostro. También hay sitio para Red Bull Cola y McAfrika, dos casos que amplían el recorrido desde el propio producto hasta las decisiones de marketing y comunicación que pueden acabar jugando en contra de una marca.

Flop Museum 4
Flop Museum 4

Una de las zonas de exposición de FLOP Museum | Imagen: FLOP Museum

Ahora bien, no todos estos objetos llegaron hasta aquí por el mismo camino. El propio museo plantea varias explicaciones: algunas ideas aparecieron demasiado pronto, otras no consiguieron conectar con sus clientes y en ciertos casos las decisiones tomadas antes del lanzamiento terminaron jugando en contra de aquello que se pretendía vender. Esa diferencia importa porque FLOP Museum no plantea que fracasar sea, por sí mismo, algo positivo ni una garantía de innovación. Su lectura es bastante más sencilla: equivocarse puede dejar una enseñanza, pero solo cuando entendemos qué salió mal y hacemos algo diferente después.

Que detrás del proyecto haya alguien que pasó por Google añade un último giro a la historia. FLOP Museum propone mirar la innovación no únicamente desde los productos que triunfaron, sino también desde aquellos que no encontraron su sitio, llegaron en el momento equivocado o estuvieron condicionados por decisiones desacertadas. Al final, salimos del museo con una idea bastante sencilla. Solemos conservar aquello que funcionó; aquí también se ha decidido guardar lo que salió mal, precisamente porque entender esos errores puede ayudarnos a comprender mejor cómo nacen los aciertos.

Imágenes | FLOP Museum

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