La actualidad de los centros de datos está redefiniendo las líneas de producción de los principales actores tecnológicos. Lo que parecía una crisis puntual en el precio de la RAM y los SSD, ha terminado convirtiéndose en un tsunami que se está llevando por delante productos y al mercado de consumo. Los centros de datos necesitan los mismos componentes que consumidores y el resto de la industria, y había un componente que parecía a salvo: los procesadores.
Se acabó.
¡Peligro! Durante su presentación de resultados del primer trimestre de 2026, Intel dio un dato preocupante: la relación de CPU y GPU en los centros de datos podría llegar pronto a ser 1:1. Hasta ahora, hemos hablado de la memoria y las GPU como el principal hardware de los centros de datos, pero debe haber una CPU que controle el ‘cotarro’ y, actualmente, había una CPU por cada ocho GPU. Sin embargo, las cosas están empezando a cambiar debido a la IA agéntica.
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El entrenamiento sigue siendo importante, pero ahora parece que estamos entrando en la era de la inferencia, y es ahí donde sobresalen las CPU. David Zinsner, director financiero de Intel, describió en la llamada con los inversores que la relación de CPU/GPU ya había pasado de 1:8 a 1:4 (una CPU cada cuatro GPU), pero que esa IA agéntica estaba disparando la memoria de las CPU, acercándose al mencionado 1:1.
Cambio de rumbo. Creo que ya puedes adelantar por dónde van a ir los tiros. Como leemos en Tom’s Hardware, esa acción ha provocado una reacción: que Intel empiece a mover sus líneas de producción para empezar a reducir su capacidad en productos de consumo y aumentar la salida de los procesadores Xeon, que son los indicados para servidores y trabajo continuo.
Todo porque, actualmente, los plazos de entrega de CPU de servidores están en unos seis meses y no pueden permitir que AMD, que también tiene sus productos para servidores, les ganen esa carrera.
Consecuencias. Subidas de precio. Sin paliativos. Se estima que los precios de las CPU Xeon subieron en marzo de un 10% a un 20% debido a esa escasez, pero las CPU de consumo también aumentaron de precio del 5% al 10%. No va a quedarse ahí, ya que se espera otra subida de precio del 10% para la segunda mitad del año. De hecho, ocurre como con los móviles, con Intel apuntando que el mercado de PC de consumo disminuirá este año en doble dígito.
Aquí ocurre como en el resto de segmentos: los fabricantes están subiendo precios a todo el mundo (hiperescaladores y consumidores), pero destinan su producción a los centros de datos porque son los que más volumen les van a comprar. A Intel le da igual si no hay una CPU para usuarios porque no es el grueso de su mercado actual, pero lo que no puede permitirse es tener a los hiperescaladores más de seis meses esperando, sobre todo si se espera que los centros de datos tengan que montar más CPU a corto plazo.
El objetivo: la gran fundición. Intel lleva unos años de capa caída. En el segmento de consumo, los Ryzen de AMD les han ganado la tostada, las GPU ARC no han terminado de cuajar y las cosas no estaban yendo bien. Una serie de malos resultados propició que el gobierno de Estados Unidos invirtiera 8.900 millones de dólares para ‘rescatar’ la empresa con un objetivo: que fuera la gran fundición estadounidense. Porque, aunque las cosas no fueran bien, siguen siendo una de las pocas compañías del mundo con capacidad de creación de chips, como TSMC o Samsung.
Tienen algunas de las mejores máquinas del mercado y ese rescate gubernamental pronto empezó a dar frutos con clientes de la talla de Apple o Nvidia. Durante la presentación de resultados hace unos días, Intel declaró pérdidas netas de 3.700 millones de dólares, pero sin embargo ocurrió algo: las acciones subieron un 20%. El motivo es que los inversores no están mirando el presente de Intel, sino su futuro, y los cambios aplicados estos últimos meses parecen ir en la dirección correcta.
No son los únicos. Este cambio de rumbo y de líneas de producción no es exclusivo de Intel. Lo hemos visto en otras compañías, pero sí es cierto que aquí se aboga, directamente, por dejar fuera al consumidor para priorizar al gran cliente: las Big Tech. Algo similar ocurrió con Samsung hace unos días, cuando se reportó que la compañía había empezado a mover sus líneas de producción de memorias LPDDR4 a LPDDR5.
Este tipo de memorias son mejores, pero también más caras, lo que provocará que los dispositivos que antes montaban memorias LPDDR4 (miniPC de gama baja o móviles de gama de entrada y media) tengan que apostar directamente por una memoria LPDDR5 que es más rápida, pero también más cara.
Al final, la traducción es la de siempre: como usuarios, nos va a tocar apretar el cinturón y aguantar con los dispositivos que tenemos durante un tiempo más. ¿Cuánto tiempo? Hasta 2027 si preguntas a unos, 2028 si preguntas a otros o ya si eso… 2030.
Imágenes | Intel

