Home technologyLa Tierra tiene un compañero de viaje desde hace millones de años y no sabemos de dónde salió, pero hay una nave preparada para darnos respuestas

La Tierra tiene un compañero de viaje desde hace millones de años y no sabemos de dónde salió, pero hay una nave preparada para darnos respuestas

by markoflorentino@icloud.com


La Tierra no viaja sola alrededor del Sol. Y no solo por la Luna, que lógicamente la acompaña siempre, orbitando a su alrededor. También tiene varios compañeros de viaje: unos objetos, llamados coorbitales, que tardan exactamente lo mismo que nuestro planeta en dar una vuelta completa alrededor del astro rey. Estos objetos son bien conocidos, pero su origen es bastante misterioso. 

Hay astrónomos que apuestan por que escaparon del cinturón de asteroides. Sin embargo, su contenido en silicatos apunta a que podrían ser fragmentos de la Luna que saltaron de su superficie tras el impacto de un meteorito. Ahora, un equipo de científicos ha asignado probabilidades a cada opción, aunque para la prueba definitiva de su origen tendremos que esperar aún un poco.

(469219) Kamo’oalewa. Así se llama uno de los coorbitales más conocidos de la Tierra. Mide entre 24 y 107 metros de diámetro y los análisis espectrales que se han podido realizar con telescopios como el el Large Binocular Telescope (LBT) y el Lowell Discovery Telescope (LDT)  indican que es muy rico en silicatos, de modo que es probable que proceda de la Luna. De hecho, la hipótesis más aceptada hasta el momento señala que pudo formarse durante el impacto que dio lugar al cráter Giordano Bruno de nuestro satélite. Sin embargo, este nuevo estudio, publicado en la revista Icarus, apunta a que es más probable que se trate de un asteroide fugado del cinturón que hay entre Marte y Júpiter

Muy improbable. Para que un asteroide o un trozo de la Luna se puedan convertir en coorbitales no solo deben escapar de su lugar. También deben tener suficiente energía para ubicarse en lo que se conoce como órbita cuasi-satelital. Esto, para un cuerpo del tamaño de Kamo’oalewa, es altamente poco probable. 

¿Cuasi-qué? Un cuasi-satélite tiene ciertos parecidos con un satélite, pero no es lo mismo. Cuando miramos uno de ellos desde el planeta al que acompaña, en dirección hacia el Sol, parece que está en órbita alrededor del planeta, pero en realidad gira al propio Sol. Esto, entre otros motivos, se debe a que está fuera de la esfera de Hill del planeta. Es decir, el entorno dominado por la gravedad del mismo. Al estar fuera de dicha órbita, le influye la gravedad del planeta, pero sobre todo, en este caso, le influye la del Sol. Sea como sea, caer y mantenerse en esa órbita es complicado, como ya hemos visto y, sobre todo, como han demostrado estos científicos.

Gana la opción del asteroide. Estos científicos han realizado modelos en los que se simula la trayectoria de 12.000 partículas sintéticas lanzadas desde la superficie lunar a diferentes velocidades y ángulos, siguiendo sus órbitas durante millones de años. El objetivo era ver cuántas se estabilizaban en puntos coorbitales con la Tierra.  En total encontraron 70 objetos de diámetro superior a 10 metros capaces de hacerlo. ¡70 de 12.000! Ahora bien, cuando repitieron el procedimiento cambiando partículas lunares por objetos del cinturón de asteroides, dieron con más candidatos. 1.600 en total.

Tianwen 2
Tianwen 2

Tianwen-2 devolverá las muestras para dar respuesta al misterio en 2027

La clave la tendrá Tianwen-2. El origen de los coorbitales es tan intrigante que China ya ha mandado una nave a analizar la superficie de uno de ellos. Concretamente del propio Kamo’oalewa. La misión Tianwen-2 partió en mayo de 2025 hacia este objeto, con el objetivo de recoger al menos 100 gramos de muestras y devolverlas a la Tierra para su análisis. 

Ya se sabe que hay silicatos, o al menos se sospecha, pero se necesita tener una idea más profunda de la composición para comprender cuál es el origen de este objeto. Se espera que la inserción en la órbita se produzca el próximo mes de junio si todo va bien. Después pasará unos meses recolectando muestras para introducirlas en una cápsula, que aterrizará de vuelta en la Tierra ya en 2027

Dos opciones. Si los análisis de Tianwen-2 concluyen que Kamo’oalewa procede de la Luna, habría que replantearse la mecánica de impacto lunar, ya que sería muy raro que uno de esos fragmentos hubiese podido llegar a su ubicación final con lo que sabemos hasta ahora. En cambio, si se demuestra que procede de un asteroide, habría que estudiar de dónde proceden esos silicatos, pues son muy poco convencionales en un objeto de estas características. Se concluya lo que se concluya, va a haber mucha tela que cortar, eso está claro. ç

Imagen | NASA |Servicio de Noticias de China

En Xataka | La Tierra tiene lunas que no conocemos: explorarlas es clave para revelar los secretos de nuestro sistema solar



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