Home technologyLlevamos medio siglo intentando demostrar con la ciencia que existe el «más allá». Los resultados apuntan a otra parte

Llevamos medio siglo intentando demostrar con la ciencia que existe el «más allá». Los resultados apuntan a otra parte

by markoflorentino@icloud.com


Una de las grandes preguntas que tiene la humanidad está en el más allá y en cómo podemos probar su existencia. Y aunque recurrimos a la ciencia para poder saber qué ocurre cuando morimos, de momento no tenemos una respuesta que dar. Aunque sí es cierto que la neurociencia sigue avanzando en el campo de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), apuntando a un proceso que es sin duda muy complejo. 

Faltan estudios robustos. Uno de los principales problemas al abordar este tema en la divulgación es la confusión entre correlación, causalidad y autoridad. Que figuras eminentes como el cardiólogo Valentín Fuster o el premio Nobel de Física Robert W. Wilson prologuen libros sobre «supraconciencia» o supuestas «pruebas de Dios» no equivale a una validación científica de sus tesis. 

Del mismo modo, se suele recurrir a casos impactantes como el de Eben Alexander, el neurocirujano de Harvard que relató su viaje «al más allá» durante un coma. Sin embargo, desde el rigor científico, esto no deja de ser una experiencia completamente aislada, sin que exista una verificación independiente que demuestre que su cerebro estuviera totalmente inoperativo. 

Y hay más argumentos. El conocido «ajuste fino» del universo, que es la idea de que las constantes cosmológicas parecen diseñadas para albergar vida, también se suele esgrimir como prueba científica. No obstante, como señala el filósofo Carlos Blanco, esto es un debate filosófico que incurre en la falacia de afirmación del consecuente, puesto que existen explicaciones alternativas (como el multiverso o el azar) que no requieren intervención divina.

La luz al final del túnel. Si nos centramos en los que dice la ciencia sobre las ECM, hay diferentes estudios que apuntan a que entre un 10 y un 20% de los pacientes críticos que han sobrevivido a un paro cardiaco han tenido estas experiencias. 

Sin embargo, el hecho de que la experiencia sea real para quien la vive no implica que su origen sea sobrenatural. El modelo científico más robusto en la actualidad lo ha propuesto el equipo de Charlotte Martial en una reciente revisión sistemática. Este trabajo, de máximo rigor, postula un modelo neurocientífico que explica las ECM como el resultado directo de procesos neurobiológicos en cerebros sometidos a un estrés extremo.

Tiene una explicación. Son diferentes análisis neurofuncionales los que apuntan a que la sensación de ver una luz al final de un túnel, la paz y el hecho de ver momentos vitales pasar por la cabeza son por «culpa» de los estados alterados de conciencia y la falta de oxígeno en el cerebro. De hecho, perspectivas neurocientíficas previas ya advertían sobre las graves limitaciones metodológicas de aquellos estudios que intentan afirmar que existe percepción sin un sustrato fisiológico.

Mucho por investigar. En 2025 se analizaron 775 artículos que se han hecho a lo largo de casi 50 años sobre las ECM, y lo que se concluyó fue que este sigue siendo un campo teóricamente fragmentado que necesita marcos integradores y un mayor rigor metodológico. Pero los que la ciencia sí avala sin reservas es el impacto transformador a largo plazo de estas experiencias.

Aquí, un estudio de 2024 comparó a 834 personas que vivieron una ECM frente a 42 que enfrentaron situaciones mortales sin experimentarlas, encontrando transformaciones espirituales y psicológicas significativas en el primer grupo. De esta manera, podemos saber que una ECM cambie la vida, pero que eso demuestre que el alma viaja a otra dimensión es una deducción que la ciencia actual no respalda.

Imágenes | Adrien Olichon

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