Cuando se tiene un animal doméstico a cargo, las visitas al veterinario son obligatorias casi que cada año para poder recibir una revisión y también su recuerdo vacunal para estar completamente tranquilos con respecto a su salud. Sin embargo, hay algunas voces que ya apuntan a que estamos sobrevacunando demasiado en nuestro país, puesto que aplicar las vacunas año tras año no solo es innecesario, sino que puede suponer un riesgo para el animal.
Un nuevo paradigma. Para entender el problema, hay que mirar las guías de la Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA) y del Comité Latinoamericano de Vacunología en Animales de Compañía (COLAVAC-Iberia). Ambas instituciones han actualizado sus pautas con un mensaje claro al querer abandonar los calendarios de vacunación sistemáticos y apostar por la medicina personalizada.
Dos grupos. Ahora las guías pasan por diferenciar a las vacunas en dos grandes grupos, siendo el primero de ellos las «esenciales» que son las del moquillo, los adenovirus y los parvovirus en perros, y la de panleucopenia, herpesvirus y calicivirus en gatos. Por otro lado, se tendrían las no esenciales, que corresponderían a las leptospirosis.
Aquí la ciencia apunta a que las vacunas esenciales generan una inmunidad mucho más larga de lo que pensábamos, haciendo que los animales tengan defensas contra esos patógenos durante mucho tiempo. Por ejemplo, tras la vacunación en cachorros y su primer refuerzo, los animales mantienen niveles de anticuerpos protectores durante al menos tres años, y en muchos casos puede llegar hasta los 9 o 14 años. Esto quiere decir que si vacunamos cada año estamos literalmente ‘vertiendo’ inmunidad donde ya hay una buena cantidad de esta.
Un laberinto legal. Si la ciencia parece tenerlo tan claro… ¿Qué ocurre en España? Aquí la mayoría de las comunidades autónomas solo disponen que la vacuna de la rabia es obligatoria, haciendo que vacunar contra el parvovirus o el moquillo sea solo recomendable porque lógicamente producen enfermedades mortales.
Si nos centramos en cifras, un reciente estudio sobre los protocolos nacionales destacaba un dato demoledor: solo el 28,6% de las vacunas disponibles para perros y el 42,9% para gatos son «adecuadas» según los estándares de la WSAVA. Y el motivo radica en que la industria comercializa las vacunas combinadas; es decir, para darle al perro la vacuna anual de la leptospirosis, el veterinario usa el viral que incluye el parvovirus y el moquillo, formando la sobrevacunación.
Una solución personal. Para evitar pinchar a los animales de manera innecesaria, lo que se propone es que, en lugar de poner un recordatorio a ciegas, se haga un análisis de sangre donde se determine la cantidad de anticuerpos protectores que hay en sangre. En este caso, si el animal cuenta con unos niveles adecuados, no se vacuna ese año, y en el caso contrario, sí se debe pasar a vacunación.
El problema es que esto es más caro que poner directamente la vacuna, por lo que se opta por la opción más cómoda, rápida y barata.
Más personal. La conclusión aquí es que los expertos apuntan a que a las vacunas esenciales se debería aplicar un refuerzo cada tres años, preservando la de la rabia, que es la única obligatoria legalmente y cuyos plazos se ajustan a la legislación local.
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