Cuando pensamos en robots humanoides, es fácil que el primer nombre que aparezca sea Optimus. Tesla ha conseguido instalar su robot en el imaginario tecnológico antes incluso de convertirlo en un producto que cualquiera pueda comprar. Pero ahí está precisamente el matiz que hace interesante esta historia: mientras el robot de la firma liderada por Elon Musk sigue pendiente de una venta al público, algunos fabricantes chinos ya están más cerca de usos comerciales concretos. Lo que hemos visto en ferias, eventos y primeros despliegues apunta a una carrera que empieza a medirse menos por la promesa y más por el despliegue.
El salto de Morgan Stanley. La señal más clara llega desde el banco estadounidense. Morgan Stanley ha elevado por segunda vez este año su previsión de envíos de robots humanoides en China y espera que se alcancen las 50.000 unidades en 2026. La cifra casi duplica su estimación anterior, situada en 28.000 unidades, y deja aún más lejos la primera previsión de enero, cuando hablaba de 14.000. El ajuste no es menor: en pocos meses, la entidad ha pasado de una expectativa prudente a una lectura mucho más ambiciosa del ritmo que está tomando el sector.
La letra pequeña. La previsión de Morgan Stanley no mezcla todos los escenarios. El cálculo incluye solo ventas externas y deja fuera los robots producidos para prototipos, pruebas de preventa o uso interno, un matiz importante cuando hablamos de una industria todavía en fase de despliegue inicial. El banco estima además que el mercado chino de humanoides alcanzará los 2.000 millones de dólares en 2026 y crecerá hasta los 15.000 millones en 2030. Para entonces, sus previsiones apuntan a 446.000 envíos anuales.
El cambio de ritmo. Morgan Stanley atribuye esta revisión a una combinación de factores que van más allá del interés inversor. En una nota recogida por CNBC, Sheng Zhong, analista de la entidad, lo resume así: “La verificación comercial, el apoyo político y la respuesta de la cadena de suministro apuntan a una adopción más rápida de los humanoides en China”. La frase condensa bien el fondo del asunto: no hablamos solo de robots que generan atención en una feria, sino de señales comerciales, respaldo público y proveedores capaces de responder.
¿Dónde está el éxito? El banco está viendo señales más claras en fábricas y logística, pero también en tiendas no atendidas, servicios comerciales interactivos, restaurantes y tiendas de conveniencia. Tiene sentido: son escenarios donde las tareas pueden definirse mejor, el entorno es más controlable y el retorno económico resulta más fácil de medir.
La escala a largo plazo. El contexto de fondo es más amplio que la revisión de este año. Morgan Stanley Research estimó que el mercado global de humanoides podría superar los 5 billones de dólares en 2050, incluyendo ventas, cadenas de suministro, reparación, mantenimiento y soporte. También proyectó más de 1.000 millones de humanoides en uso para entonces, con cerca del 90% destinado a tareas industriales y comerciales. La idea encaja con lo que estamos viendo en China: no solo modelos de IA en pantalla, sino sistemas físicos capaces de actuar en entornos reales.
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