Pocos monumentos hay más conocidos en toda la faz de la Tierra que Petra, la capital del Reino Nabateo en el sur del actual Jordán. Esa majestuosa fachada esculpida en roca es patrimonio de la humanidad. Sin embargo, hay una dimensión de la ciudad que es igual de impresionante y que suele pasar desapercibida: su ingeniería hidráulica. En un entorno semiárido, el control del agua no era una mera cuestión de supervivencia (¡como si fuera poco!) sino también un símbolo de poder y prestigio y recurso estratégico.
La capital del reino requería un suministro de agua estable y cuidadosamente gestionada para beber, baños, agricultura, pilas de los templos o los jardines. Hasta la fecha, la arqueología creía tener un mapa razonablemente claro de cómo funcionaba su red hídrica, pero un equipo de investigación de la Universidad Humboldt de Berlin acaba de demostrar que el mapa estaba incompleto y parcialmente equivocado. Sus investigaciones se han publicado en un paper en Levant.
El hallazgo. En las laderas del Jabal al-Madhbah el equipo ha identificado un tramo de 116 metros de tubería de plomo presurizada y conservada in situ en el acueducto de ‘Ain Braq, en una zona de prospección de 2.500 metros cuadrados . Esta característica está poco documentada en corredores de acueductos al aire libre en el Mediterráneo oriental.
Lo más importante es que demuestra que no fue un sistema construido en una sola fase. Porque la investigación ha documentado nueve conductos en total (incluyendo el anteriormente mencionado de plomo), además de un gran depósito sellado por una presa de gran altura, dos cisternas y siete cuencas de diferentes tamaños y propósitos. Es decir, dos tecnologías distintas superpuestas: primero la tubería de plomo presurizada, que en algún momento se selló, y encima una red posterior de terracota.
Por qué es importante. Hay dos planos donde el hallazgo tiene relevancia:
- Desde el punto de vista técnico, el uso de plomo es algo raro más allá de interiores de edificios. Su presencia en una canalización exterior evidencia que los nabateos tenían acceso a recursos y conocimiento técnico suficientes para usarlo en exterior, rivalizando con los logros de Roma. Cabe recordar que el plomo requiere de minería, transporte y artesanos.
- Desde el punto político, era un símbolo de poder y prosperidad. El sistema alimentaba el embalse de Az-Zantur, situado en una cresta elevada. Desde allí, el agua podía ser distribuida con presión a monumentos como el Gran Templo y el Complejo del Jardín y la Piscina. Estas estructuras requieren de un suministro de agua continuo y fiable, así que como propone el investigador principal Niklas Jungmann, demuestra el lujo de tener agua corriente en el desierto. Si controlas el agua, controlas la ciudad.
Contexto. Los sistemas del Siq, ‘Ain Braq y Wadi Mataha eran los tres principales sistemas de suministro de agua de Petra y se alimentaban de manantiales y depósitos. Cada uno de ellos fueron diseñados con diferentes objetivos para lidiar con los desafíos de la física y la geología particular del paisaje, lo que permitía abastecer así a los diferentes sectores de la ciudad. En un entorno desértico era requisito indispensable dominar el agua y vaya si lo hizo: tenían baños, jardines ornamentales, instalaciones de agua sagrada y monumentos que necesitaban agua continuamente.
Petra floreció como capital del Reino Nabateo antes de su incorporación al Imperio Romano y su posterior declive tras el terremoto del año 363 d.C. El contexto cronológico sitúa la fase de plomo proablemente en el apogeo del reino (siglo I d.C.), bajo el reinado de Aretas IV, cuando la ciudad experimentó una explosión urbana. El paso a la terracota coincide con periodos de reestructuración económica o cambios en la administración tras la anexión romana en el 106 d.C., mostrando una adaptación hacia materiales más fáciles de mantener.
Cómo lo han hecho. Los enfoques de investigación clásicos sobre Petra abordaban la ciudad al completo desde una perspectiva macro y recurrían a extrapolaciones, pero el estudio de Jungmann está focalizado en un área de 2.500 metros cuadrados del macizo del Jabal al-Madhbah. Esto le ha permitido documentar cada traza visible de infraestructura hidráulica con precisión usando fotogrametría y modelos digitales de elevación para entender cómo el terreno dictaba el flujo del agua y dónde era necesario el uso de presión. Asimismo, no se centró en buscar objetos mediante una excavación, sino de lectura detallada de estratigrafía y morfología de la infraestructura.
Sí, pero. Aunque el hallazgo es revolucionario, quedan incógnitas y el propio Jungmann es cauteloso con las interpretaciones. Para empezar, la tubería de plomo fue abandonada y sellada para sustituirla por una segunda red de canales abierto y tuberías de terracota, una decisión que probablemente tuvo su explicación en los costes. Además, el estudio se centra en un área pequeña y una primera campaña de prospección (septiembre de 2023). Es decir, la vinculación con el reinado de Aretas IV es plausible pero no definitiva a la hora de datar.
Por otro lado, el uso de plomo plantea la duda eterna sobre la toxicidad. Como contexto general, en aguas calcáreas como las de la región, el carbonato de calcio tiende a formar una capa interna que aísla el metal del agua potable, lo que reduciría el riesgo de contaminación, aunque el paper no aborda esta cuestión. Lo que está claro es que la gestión del agua por parte de los nabateos era más avanzada, experimental y adaptable de lo que se pensaba.
Portada | Bernard Gagnon y Diego Delso
