Esa sensación de que ya no llueve tanto como cuando eras peque y que hace más calor no es una sospecha sino una realidad. Y que las DANAs sean más frecuentes, arrasando lo que pille a su paso e impidiendo que el terreno retenga el agua. En definitiva, que el clima sea más cálido y seco trae consecuencias: desde favorecer los megaincendios a un paisaje que cada vez más parece un secarral. Una percepción que desgraciadamente es también muy real, especialmente en función de donde vivas. Spoiler: la Europa mediterránea sale muy mal parada.
El mapa que ilustra este artículo y que puedes ver más abajo muestra la desertificación en la Unión Europea y lo ha elaborado el Joint Research Centre, el servicio científico interno de la Comisión Europea con una metodología armonizada y muy intuitiva. Así, combina datos de cobertura del suelo, productividad de la tierra, aridez y degradación del suelo, lo que permite clasificar el territorio en zona árida degradada (en color rojo) o en zona árida sana (en color verde).
La Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación define la desertificación como «la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas». Es decir, solo se llama desertificación a la degradación que ocurre en zonas ya de por sí áridas. Por eso el mapa distingue, dentro de las zonas áridas (drylands), entre las que están sanas (verde) y las que están degradadas o desertificadas (rojo). Fuera de esas zonas áridas puede haber otros problemas de suelo, pero no se cuentan como desertificación. Por otro lado, como el método es nuevo, no hay histórico para comparar la evolución.
Ese desierto llamado Europa Mediterránea
Más allá de una cuestión paisajística, la desertificación afecta a la vida de la gente: agricultura, seguridad, migración, etc. son algunas de las áreas afectadas. Además, como el propio informe señala, hay 42 millones de personas en el viejo continente que viven en esas zonas afectadas. Como curiosidad, este informe es la primera vez que los 27 estados miembros se miden con la misma vara para cuantificar su desertificación, lo que ayuda a determinar las zonas críticas para jerarquizar y tomar medidas técnicas y económicas.
De acuerdo con esta metodología, las zonas áridas cubren actualmente el 15% de la UE, unos 611.000 kilómetros cuadrados, como dos Italias. Y no hay sorpresas: se concentran en los estados miembros del suroeste, sur y sureste. De esa superficie árida, el 86,56% sufre desertificación: son esas manchas rojas del mapa que hay en la Península Ibérica, sur de Italia, Grecia, Chipre, Bulgaria y Rumanía. España sale muy mal parada, ya que es el estado con el porcentaje más alto en desertificación, con un 53%. Le sigue Chipre con un 45% y Grecia con un 36%.
El futuro pinta muy negro: hay más de un millón de kilómetros cuadrados de la UE con la etiqueta de riesgo elevado de desertificación futura, de acuerdo con los escenarios del Índice de Aridez para 2021-2040 y hay unos cuantos fuera de las zonas que hoy se consideran áridas. En pocas palabras: el fenómeno se expande hacia el centro de Europa.
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