Que el 7,6% de la población activa de un país no acuda a su puesto de trabajo es un dato que debe preocuparnos ya que esas ausencias se traducen en una pérdida de capacidad productiva del país. De hecho, patronales y políticos han usado estos datos para criminalizar al conjunto de la población activa utilizando la semántica. Absentismo laboral, en su sentido genérico, implica que un trabajador no se presenta a su puesto de trabajo, pero deja fuera del debate el motivo de esa ausencia.
Antes de repartir culpas, conviene hacerse una pregunta sencilla. ¿Qué es, exactamente, absentismo laboral? La respuesta no es tan obvia como parece. Y de ella depende buena parte de la discusión ya que si comparamos los datos de España con los del resto de Europa, resulta que, «absentismo laboral» no significa lo mismo para Alemania, Francia o España, por lo que estos datos podrían ser, cuanto menos, engañosos.
Un cajón de sastre de motivos. Para las estadísticas oficiales, absentismo laboral es cualquier falta del trabajador a su puesto de trabajo. Da igual si hay o no justificación para ello. Ahí caben las bajas médicas otorgadas por personal médico autorizado, los permisos de nacimiento, los permisos por el cuidado de los hijos, las horas sindicales, los permisos retribuidos por motivos climáticos, los días por asuntos propios, e incluso las vacaciones.
Por supuesto, en las estadísticas que calculan el absentismo laboral también entran las ausencias injustificadas. Es decir, aquellas en las que el trabajador no ha acudido a su puesto por voluntad propia. Pero el diablo está en los detalles, y no es lo mismo no ir a trabajar por estar de vacaciones, que por que esa mañana no te apetecía conducir una hora hasta el trabajo. Pero todo es absentismo laboral al mismo nivel si solo nos quedamos con ese dato del 7,6% según el estudio de Randstad.
Diferenciación parcial de los datos. Según los datos del último informe sobre absentismo laboral de Randstad, que coincide con las conclusiones del ‘XV Informe Adecco sobre Absentismo Laboral‘ de Adecco Institute, de ese total del 7,6% de absentismo laboral, el 6,5% corresponde a bajas laborales justificadas por motivos médicos. El 1,1% restante, corresponde a bajas que, aunque puedan estar justificadas, no se deben a motivos por incapacidad médica.
Es decir, vacaciones, permisos de paternidad, días festivos u otras formas de permisos retribuidos contemplados en el artículo 37 del Estatuto de los trabajadores. Aunque esa diferenciación aporta algo de perspectiva al problema, no llega a aislar qué porcentaje concreto no acude a trabajar por hacer uso de su derecho al descanso, de aquellos que, simplemente, no acuden a trabajar porque hoy no les apetecía.
Los sindicatos llevan tiempo quejándose de esta mezcla. «El absentismo escolar no es cuando un niño está enfermo», declaraba a Ara Mònica Pérez, responsable de salud laboral de CCOO en Cataluña. Ni deja de ir a clase por eso, añade. Desde UGT, su compañero Òscar Riu va más allá: «Nosotros entendemos que el absentismo es no presentarse al trabajo sin justificarlo».
España no es el país con más absentismo. Cuando se compara con otros países, España queda lejos de la cabeza. Según los últimos datos de Eurostat, el volumen de horas pactadas que los españoles no cumplen ronda el 12,3%. Es algo más que la media europea, del 10,6%. Pero hay muchos países cuya tasa es peor: Dinamarca roza el 14,1% de horas pactadas no trabajadas, Francia el 13,8% y Alemania el 12,4%. Noruega encabeza la lista rozando el 17,5%. El problema es que estas cifras no son del todo comparables.
Cada país decide qué cuenta como ausencia y qué no. Un estudio del IGES para DAK-Gesundheit lo deja claro con un ejemplo. Alemania lidera el ranking de días de baja pagados, con 24,9 al año. Pero cae a la zona media si se mide el porcentaje de jornada semanal perdida por enfermedad, con un 6,8%. España, con ese criterio, sube al 8,6%. El motivo, según el propio estudio, está en el registro. Alemania anota casi todas las bajas gracias a su sistema electrónico. Otros países, en cambio, registran menos bajas de corta duración las que realmente son.
Los permisos retribuidos han crecido, y eso también suma. Parte del aumento reciente de esa cifra de absentismo en España tiene una explicación legal, no solo médica (que también). El permiso de nacimiento pasó de 16 a 19 semanas tras aprobarse el Real Decreto-ley 9/2025. Más semanas de permiso significan, casi de forma automática, más horas pactadas que no se trabajan. Es decir, más absentismo laboral.
A eso se suma el nuevo permiso climático que da derecho a hasta 4 días pagados cuando una DANA, un incendio o una ola de calor o causas de fuerza mayor impiden llegar al trabajo. Todos estos supuestos, aunque justificados, engordan la estadística general del absentismo laboral.
El verdadero problema: las bajas médicas. Fuera de estos ajustes normativos, hay una tendencia real que sí preocupa. Las bajas por incapacidad temporal no han dejado de subir en los últimos años. Un estudio del Ivie junto a Umivale Activa sitúa a España a la cabeza de la UE en este dato. Un 4,5% de los ocupados están de baja, frente al 2,5% de media europea. Las horas perdidas por baja médica, según CaixaBank Research, han crecido un 48% desde 2019. Casi cinco veces más rápido que las horas pagadas.
El profesor de la UOC Sergi Macip apunta a una causa concreta. «Desde la pandemia ha habido un incremento exponencial de las bajas por salud mental». A esto se suma el progresivo envejecimiento de las plantillas. Los afiliados de 50 a 64 años crecieron un 36,3% entre 2019 y 2025, según un informe sobre absentismo de graduados sociales. Hay otro dato que lo confirma. Las bajas de más de un año casi se triplicaron: de 32.664 casos en 2019 a 100.734 a finales de 2023.
Los distintos estudios coinciden en que una de las medidas para reducir la tasa de absentismo consiste en mejorar los tiempos de atención y diagnóstico del sistema sanitario para reducir el tiempo de baja de los trabajadores provocados por las listas de espera para especialistas o para cirugías. Un trabajador espera de media 121 días para ser operado en la sanidad pública española. Esa demora no solo prolonga la ausencia, también empeora el pronóstico y ralentiza la recuperación, generando un círculo que retrasa aún más la reincorporación.
Imagen | Unsplash (Toni Reed)

