Home technologyEsther Bastida, la científica de la misión de la ESA que ‘crea’ 4.000 eclipses al año: «Muchos son inaccesibles a los telescopios, por eso es tan útil generarlos artificialmente»

Esther Bastida, la científica de la misión de la ESA que ‘crea’ 4.000 eclipses al año: «Muchos son inaccesibles a los telescopios, por eso es tan útil generarlos artificialmente»

by markoflorentino@icloud.com


Durante el eclipse del pasado 12 de agosto, muchos tuvimos la fortuna de ver la corona solar, esa imponente masa de gas extremadamente caliente que normalmente se mantiene invisible a nuestros ojos. El Sol es tan brillante que oculta su luz, mucho más tenue. Sin embargo, cuando se dan las condiciones exactas para que la Luna oculte durante unos segundos o muy pocos minutos el astro rey, la corona solar aparece llameante a su alrededor. Además de ser uno de los espectáculos más fascinantes de la naturaleza, durante siglos los eclipses solares fueron una oportunidad de oro para los científicos, ya que les regalaban la oportunidad de estudiar esta enigmática estructura. Pero hoy en día ya no es algo tan necesario para ellos. Por suerte, cuentan con instrumentos capaces de crear un eclipse falso y, así, acceder a la corona para su estudio. Ha habido varias misiones y proyectos con estos instrumentos como protagonistas, pero sin duda la más novedosa es Proba 3. 

Esta misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) consiste en el trabajo en equipo de dos satélites: Occulter y Coronagraph. El primero está equipado con un disco circular, que actúa como una Luna artificial, tapando el Sol para crear una especie de eclipse, dejando la corona accesible a Coronagraph, que se encarga de estudiarla. Gracias a este dúo, durante 2025 la misión recopiló información equivalente a lo que se habría logrado con 4.000 eclipses solares. Sin duda es una misión muy interesante, sobre la que he podido hablar con Esther Bastida, una de las científicas del proyecto. 

La pareja perfecta

Lo que hace realmente interesante a Proba 3 es la precisión con la que trabajan sus dos satélites. Si bien en principio vuelan a una distancia de unos 100-200 metros, a la hora de provocar eclipses artificiales son capaces de acercarse con una precisión milimétrica. Esto, en un ambiente como el espacio, es un hito único, que se consigue “a través de muchos años de desarrollar diferentes tecnologías que trabajan juntas”. Y es que, según cuenta Esther Bastida, la clave está en tener las tecnologías distribuidas entre las dos naves, de manera que una bebe continuamente de la otra. “Por ejemplo, tenemos un grupo de cámaras que están en uno de los satélites y lo que hacen es seguir un patrón de luces LED que se encuentra en el otro”, relata la científica de la ESA.  “Una vez que están bien colocados y en formación, los dos comprenden que están en esta posición”.

También es interesante el láser que “va de uno de los satélites hasta el otro y rebota, refinando aún más esta precisión”. Además, “los satélites son capaces de comunicarse entre ellos, algo que también es clave, porque comparten dónde están”.

Con todo esto, lo que se consigue es que, justo en el momento en el que Occulter tapa el brillo del Sol para dejar accesible la corona, Coronagraph se acerca para tomar información durante seis horas completas. 

Esther Bastida Proba 3 Esa
Esther Bastida Proba 3 Esa

Esther Bastida durante la entrevista en el evento de la ESA

Un incidente del que Probar 3 ha salido más fuerte

Proba 3 se lanzó en diciembre de 2024. Desde entonces, todo había estado bajo control. 2025, como ya hemos visto, fue un año especialmente prolífico. Sin embargo, el pasado mes de febrero de 2026 se topó con una pequeña piedra en el camino, cuando Coronagraph se quedó repentinamente mudo. Los científicos de la ESA enviaban comandos al satélite, pero este no devolvía ninguna respuesta. Podría haber sido un duro golpe para la misión, pero sus responsables lograron solucionarlo y salir más fuertes del atolladero. 

“En un principio, la estrategia fue tratar de comunicarnos con él repetidas veces”, comienza Bastida. “Luego comprendimos que la comunicación quizás no estaba siendo posible por otro motivo y llegamos a la conclusión de que lo que probablemente estaba pasando era que el satélite no tenía suficiente potencia o energía como para comunicarse”. Sus sospechas, que terminaron por confirmarse, apuntaban a que estaba en un estado seguro, “como si estuviese dormido o apagado”, girando de manera que el panel solar no estaba apuntando al Sol. Esto le impedía cargar sus baterías, por lo que no tenía suficiente energía para comunicarse.

“Llegados a este punto, la prioridad fue con el otro satélite, que afortunadamente estaba perfectamente y lleva varias cámaras”, cuenta la científica de la misión. “Nos acercamos más al satélite que no respondía, al coronógrafo, y tomamos imágenes para comprobar dónde estaba, para saber que estaba bien y poder entender en qué posición estaba exactamente”. Esto permitió recolocarlo para que recuperase la energía para comunicarse. “Al cabo de más o menos un mes desde la anomalía original, el coronógrafo volvió a la vida y empezó a mandar comandos otra vez”. 

Lo más duro había pasado, pero aún quedaba trabajo por delante.  “En este momento la prioridad estaba en analizar todos los sistemas y ver que habían sobrevivido bien a un mes de estar en el espacio, en temperaturas muy frías y sin supervisión”. Por suerte, y para regocijo de los investigadores, todo estaba perfectamente. “El instrumento coronógrafo había sobrevivido, lo cual fue increíble porque significa que el satélite estaba construido con una resiliencia muy grande tanto a nivel de hardware como de software”.

Corona Solar
Corona Solar

Corona solar vista por Proba 3

El trabajo español detrás de Proba 3

La misión Proba 3 ha tenido una gran participación española. “SENER, que es una empresa española, es el contratista principal de la misión, pero no solo SENER, porque luego ha habido otras empresas que también han participado”, explica Bastida. “Por ejemplo, Airbus ha hecho la estructura de los satélites, GMV  ha hecho las leyes de guiado, navegación y control y los algoritmos de dinámica orbital y también hemos tenido a Deimos Space haciendo el análisis de misión”.

Un futuro lleno de posibilidades

Lo que se ha logrado con Proba 3 es impresionante. Alcanzar una precisión tan extrema en el espacio está permitiendo estudiar la corona solar como nunca se había hecho, pero también puede tener otras muchas aplicaciones en el futuro. Por ejemplo, “ahora que el problema de la basura espacial está muy presente, potencialmente se pueden utilizar estas tecnologías para acercarse a objetos de basura espacial, cogerlos y deorbitarlos”, cuenta Bastida. Además, podría ser útil “para servicios en órbita, como puede ser aportar combustible a un satélite que ya está en órbita”.

Miles de eclipses solares

El Sol es 400 veces más grande que la Luna. Sin embargo, durante un eclipse parecen idénticos, ya que nuestro satélite encaja perfectamente sobre el astro rey. Esto se debe a que, además de ser 400 veces más grande, el Sol también está 400 veces más lejos de nosotros que la Luna. Así, se genera un efecto óptico que provoca que, durante el viaje de la Tierra alrededor del Sol y la Luna alrededor de la Tierra, cuando los tres astros se alinean, se produzca ese efecto de encaje tan fascinante. Esto podría ocurrir muchas veces si la Tierra y la Luna estuviesen en el mismo plano. Sin embargo, el plano lunar forma un ángulo de 5º con el terrestre, disminuyendo mucho la probabilidad de que se produzca un eclipse solar. Normalmente hay entre 2 y 5 eclipses solares al año. La mayoría no son totales, por lo que no se llega a ver la corona solar. 

Por otro lado, los pocos eclipses solares que tienen lugar pueden ocurrir en puntos remotos, difícilmente accesibles para los científicos. “A menudo tienen lugar en zonas donde no hay acceso a telescopios de precisión y quizás es difícil llevarlos, porque puede ser en medio del océano o un lugar muy recóndito”, relata Bastida. Este es el motivo por el que un coronógrafo resulta tan útil, sobre todo cuando forma parte de un tándem de satélites tan eficaz como Proba 3. Disponer de miles de eclipses artificiales al año es algo con lo que los primeros científicos que estudiaron la corona solar no podían ni soñar. 

Eso sí, aún hay dos factores en los que los eclipses naturales vencen a los artificiales. Por un lado, Proba 3 no es capaz de llegar tan cerca de la superficie del Sol como un eclipse natural. “Nosotros somos capaces de llegar desde 0,1 radios solares para adelante, mientras que en un eclipse solar natural se puede ver un poquito más”, cuenta la investigadora. Por otro lado, el eclipse natural sigue siendo un espectáculo para los sentidos, por mucho que haya instrumentos que faciliten el trabajo a los científicos. “Los eclipses naturales son complicados, pero como tal son maravillosos y ofrecen un montón de información, aunque sea breve”. 

En resumen, hoy en día los eclipses no son solo una fuente de información científica. También se han convertido en un fenómeno social, como pudimos ver hace unos días en todos los eventos que se celebraron por España para disfrutar de la totalidad. Mientras que muchos disfrutamos de ver cómo el Sol se convierte prácticamente en un astro nuevo durante unos segundos, a su alrededor había naves haciendo el trabajo técnico en silencio. Para Esther Bastida, el del 12 de agosto fue su eclipse solar total. En cambio, forma parte del equipo de científicos que han hecho posible crear miles de eclipses solares en un año. Esa es la verdadera magia de la ciencia.

Imágenes | ESA | Alberto Prieto

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