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Los expertos coinciden: “El agua fría no bloquea la digestión, pero si está demasiado fría puede volverla más lenta y menos confortable”

by markoflorentino@icloud.com


Con la llegada del calor, algo que puede apetecer a muchas personas es coger una botella de agua bien fría y comenzar a beber como si no hubiera un mañana. Pero junto a esta práctica habitual también surge una frase clásica bajo el mito de que beber agua helada puede «bloquear» la digestión.

La idea en mente. La afirmación tiene una base fisiológicamente plausible, puesto que el frío induce vasoconstricción gástrica transitoria. Sin embargo, al cruzar estas afirmaciones con la literatura científica primaria, descubrimos que la línea entre el mecanismo biológico comprobado y el mito exagerado es sumamente fina. 

Para romper esta línea, Silvia Gómez, especialista en aparato digestivo, en declaraciones a La Vanguardia apuntaba que «el agua fría no bloquea la digestión, pero si está demasiado fría puede volverla más lenta y menos confortable». Y en esta última parte es donde se encuentra la clave de esta cuestión. 

La fisiología del frío. Para entender qué ocurre cuando tomamos agua helada, hay que saber que nuestro aparato digestivo opera de manera óptima a la temperatura central del cuerpo, que es aproximadamente de 37 ºC. De esta manera, cuando introducimos un líquido a temperaturas cercanas a 0ºC el organismo reacciona y el frío provoca que los vasos sanguíneos se contraigan para conservar el calor. 

La consecuencia es simplemente una alteración transitoria en los patrones de contracción de todos los músculos que hay en el estómago y, por ende, afecta a la capacidad de hacer la digestión. 

Está estudiado. La prueba más directa y reciente al respecto la encontramos en un trabajo publicado en el año 2020. En este ensayo experimental cruzado, los investigadores siguieron a 11 hombres sanos tras ingerir 500 mL de agua a tres temperaturas distintas: 2 °C, 37 °C y 60 °C.

Los resultados mediante ecografía gástrica dejaron claro que el agua a 2 °C redujo significativamente la frecuencia de las contracciones gástricas en comparación con el agua a temperatura corporal o caliente durante la hora posterior a una comida. Pero curiosamente, esta modulación de la motilidad gástrica dejó ver que los sujetos que bebieron el agua helada experimentaron una saciedad más temprana, reduciendo su ingesta energética en la comida posterior entre un 19% y un 26%.

No es un bloqueo. Que esté comprobado que el estómago reduzca su trabajo de contracción no significa que la digestión se «bloquee» o se «corte». Debemos tener muy en cuenta que el cuerpo humano posee una enorme capacidad termorreguladora que hace que, cuando tomemos un líquido frío, este alcance la temperatura corporal en cuestión de minutos, restaurando la actividad gástrica normal. 

Muchos mitos. En torno a la toma de agua fría hay muchas frases que son muy míticas en nuestra sociedad, como por ejemplo que «solidifica las grasas». Y es que, aunque la termodinámica dicta que el frío endurece las grasas, en el entorno gástrico humano esto carece de relevancia clínica, puesto que el efecto térmico es tan efímero y la acción combinada del ácido clorhídrico, las enzimas y la agitación mecánica posterior es tan potente, que el cuerpo compensa el impacto térmico rápidamente.

Otro mito bastante importante está relacionado con el efecto que tiene el agua fría sobre la microbiota intestinal, pero hasta el momento no hay evidencia sólida que demuestre un daño sobre nuestras bacterias. 

No todos somos iguales. Que el efecto sea inofensivo para la población general no implica que todos los sistemas digestivos reaccionen igual. En la práctica clínica, la temperatura de las bebidas cobra importancia en pacientes con patologías funcionales importantes como, por ejemplo, la dispepsia funcional, el reflujo gastroesofágico, la gastritis o el síndrome del intestino irritable. 

En estos casos, los estímulos térmicos bruscos que modifican la motilidad gástrica pueden aumentar la sintomatología, y aquí el enlentecimiento gástrico del agua fría puede ser un problema. Aunque hablamos de casos concretos que deben seguir las recomendaciones de su médico especialista. 

Imágenes | Nigel Msipa

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