
Las naciones de Centroamérica ocupan un estrecho puente terrestre entre México y Colombia, pero no nacieron como países independientes. Surgieron de una sola entidad: la República Federal de Centroamérica en 1823. Aquella federación se disolvió; sin embargo, el ideal de una región unificada nunca murió del todo. En 1951, los gobiernos firmaron la Carta de San Salvador para crear la ODECA, la Organización de Estados Centroamericanos. Cuatro décadas más tarde, el Protocolo de Tegucigalpa de 1991 la reemplazó por el SICA, el Sistema de la Integración Centroamericana, el marco que rige la cooperación regional en la actualidad. En el marco de este proceso de integración, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua fundaron en 1960 el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), estableciendo su sede en Tegucigalpa. A primera vista, se trata de un complejo de oficinas convencional de finales del siglo XX; no obstante, al observar de cerca su fachada, el edificio se convierte en un manifiesto sobre la identidad. Uno escrito en piedra de cantera rosada proveniente de las mismísimas colinas que rodean la capital hondureña.
Desde su fundación, el banco operó durante décadas en tres propiedades distintas dentro del centro histórico de Tegucigalpa. Por ello, en 1989, la institución puso en marcha planes para consolidar su sede en una sola instalación. Según fuentes directas del BCIE, el encargo del diseño se adjudicó a un consorcio integrado por la firma hondureña Prats Arquitectos, la firma con sede en Miami Spillis Candela & Partners Inc. y Consultores Asociados de Honduras (CONASH). La construcción comenzó en 1993 y el edificio se inauguró en enero de 1998, unificando todos los departamentos administrativos en un único complejo corporativo. En la actualidad, el banco ha crecido hasta contar con quince estados miembros, que incluyen a varios países no americanos como Corea del Sur, Taiwán y España.
