Descripción enviada por el equipo del proyecto. Los japoneses dicen que el alma de una casa no está en sus muros, ni en sus techos, sino en el vacío que contiene. «El vacío es absolutamente poderoso por que puede contenerlo todo», escribió Kakuzo Okakura. Nos permite respirar, movernos, pensar, vivir. Esa fue, desde el principio, la idea más honda de esta casa: que su centro no fuera un objeto, sino un presente vacio.