La inestabilidad geopolítica ha llevado al Port de Barcelona a diseñar su hoja de ruta para los próximos cuatro años con el foco puesto en la resiliencia. De esta manera, sitúa las infraestructuras, la conectividad y la energía como ejes clave para minimizar el impacto de futuras disrupciones sobre las cadenas de suministro.
El plan estratégico engloba 120 iniciativas agrupadas en 25 objetivos ambientales, sociales y económicos e impulsa el mayor ciclo inversor de la historia de la infraestructura portuaria. Además, integra por primera vezel puerto comercial, el puerto logístico y el puerto ciudadano en una visión única.
Sortear las disrupciones
A lo largo de la presentación del plan estratégico, se ha hecho un repaso de los últimos sucesos que han afectado al sector marítimo como el estallido de la crisis sanitaria desencadenada por el coronavirus, el bloqueo del canal de Suez, la sequía del canal de Panamá o el cierre del estrecho de Ormuz.
«Nunca había pasado lo que ha pasado ahora», ha destacado el presidente del Port de Barcelona, José Alberto Carbonell, que también ha añadido: «Todas estas disrupciones de los últimos años, que hemos sufrido en los puertos, nos obliga a ser resilientes para poder minimizar los efectos en las empresas que importan y exportan».
Garantizar la competitividad
A través del programa, el Port de Barcelona se propone garantizar que, entre 2026 y 2030, contará con unas infraestructuras sólidas, modernas y bien conectadas, que permitan garantizar la competitividad del sector exterior, reforzar la sostenibilidad y mantener su papel como motor económico y social.
La nueva hoja de ruta, que da continuidad al plan anterior, ha permitido alcanzar hitos como la superación de las 40.000 personas trabajando en el recinto portuario, un comercio exterior superior a los 70.000 millones de euros anuales y la instalación de sistemas OPS de electrificación de muelles para barcos contenedores y ferris.
Transformación de los espacios
Con el objetivo de acometer una transformación integral de los espacios y las infraestructuras del Port de Barcelona, el plan estratégico contempla varias actuaciones.
Entre ellas figura la reordenación de la actividad hacia el sur, los nuevos accesos viales y ferroviarios, la construcción de nuevos puntos de atraque y el despliegue del Plan de Transición Energética.
Más espacio logístico
En línea con el Plan de Transición Energética, que incluye el desarrollo de un hub de producción y distribución energética, se aspira a reducir un 50% las emisiones de gases de efecto invernadero en 2030, como paso previo a alcanzar la neutralidad climática en 2050.
En el ámbito social, pone el foco en la generación de puestos de trabajo de calidad, la formación y la captación de talento, y en el impulso de actividades vinculadas a la economía azul, la innovación y el conocimiento.
El presidente del Port de Barcelona, José Alberto Carbonell, ha subrayado que el plan estratégico marca el inicio de un nuevo ciclo de inversiones y cambios que transformarán el puerto, sus espacios e infraestructuras. «Es la respuesta a los grandes cambios globales y el camino hacia un puerto del futuro más resiliente y conectado», ha hecho hincapié.
Una idea con la que ha coincidido el jefe de Estrategia del Port de Barcelona, Jordi Torrent, quien ha destacado que la diversificación ha sido clave para resistir las disrupciones de los últimos años. Por ello, ha apuntado, el nuevo plan estratégico profundiza en el modelo con una visión integrada para «generar prosperidad en un entorno convulso».
Conflicto en Oriente Medio
En relación con el conflicto en Oriente Medio, han concretado que el tráfico de mercancías del enclave con los países cerrados por el corte del estrecho de Ormuz es inferior al 3% del total. Además del sector energético, han señalado que el impacto puede ser elevado en sectores como el de la alfalfa, puesto que los países del Golfo Pérsico importan el cereal en grandes cantidades.
El precio de los contenedores de mercancías entre Europa y Asia se ha visto poco afectado por la escalada de la tensión, dado que a finales de febrero era de unos 2.000 dólares y en la actualidad únicamente ha subido «ligeramente».