A comienzos del Siglo XX, durante la batalla de Tsushima, la flota imperial rusa tardó más de siete meses en rodear medio planeta para enfrentarse a Japón. El resultado fue tan desastroso y rápido que varias potencias comprendieron de golpe una idea: en Asia-Pacífico, controlar el mar podía decidir el equilibrio mundial mucho antes de que comenzara una guerra total.
Misiles supersónicos frente a EEUU y Japón. Lo contamos la semana pasada. El mar de China Meridional se está convirtiendo en un enorme tablero militar donde Pekín quiere dejar claro que está dispuesto a responder directamente a cualquier intento de rodear su área de influencia.
Mientras Estados Unidos, Filipinas y Japón desarrollan las mayores maniobras Balikatan de los últimos años, China ha respondido ahora enviando bombarderos H-6 armados con misiles supersónicos YJ-12, cazas J-16 equipados con misiles antibuque y varios grupos navales alrededor de Luzón y Scarborough Shoal. El mensaje es difícil de ignorar: Pekín quiere demostrar que puede desplegar fuerza aérea y naval pesada justo delante de un bloque militar liderado por Washington y Tokio sin abandonar la iniciativa en la región.
Ya parece un ensayo de guerra alrededor de Taiwán. Las maniobras Balikatan han cambiado enormemente en los últimos años. Lo que antes eran ejercicios relativamente convencionales entre Estados Unidos y Filipinas se ha transformado en simulaciones centradas en escenarios marítimos, ataques contra grandes adversarios y posibles conflictos alrededor de Taiwán y el mar de China Meridional.
La participación completa de fuerzas japonesas y la presencia de buques de Australia y Canadá reflejan hasta qué punto Washington está intentando construir una red regional capaz de responder a China en caso de crisis. Pekín lo interpreta como una amenaza directa, especialmente porque varias de estas maniobras se desarrollan cerca de rutas y posiciones que China considera fundamentales para proteger su acceso al Pacífico.
Japón ha cruzado una línea simbólica. Hace escasas horas ha tenido lugar uno de los movimientos que más ha irritado a Pekín durante las maniobras, y no ha sido solo la presencia estadounidense, sino el papel cada vez más activo de Japón. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, fuerzas japonesas lanzaron en el extranjero un misil antibuque Type 88 durante los ejercicios militares en Filipinas, algo que China interpreta como una señal clara de “remilitarización” japonesa.
Aunque el misil puede utilizarse con fines defensivos, Pekín considera que desplegar este tipo de armamento fuera de territorio japonés rompe parte de la lógica pacifista que Tokio mantuvo durante décadas tras 1945. Además, el contexto agrava todavía más la tensión: Washington también disparó misiles Tomahawk desde Filipinas utilizando el sistema Typhon, capaz de alcanzar objetivos a cientos o incluso miles de kilómetros, incluida potencialmente la propia China continental. Para Pekín, la imagen es inquietante porque refleja cómo Japón, Filipinas y Estados Unidos están empezando a ensayar juntos un escenario donde las cadenas de islas del Pacífico podrían transformarse en plataformas avanzadas de ataque y contención militar contra China.

Dos bombarderos H-6 armados sobrevuelan el arrecife de Scarborough en un intento de Pekín por mostrar su superioridad ante Manila y sus aliados en medio de las maniobras Balikatan y las disputas territoriales
Los bombarderos H-6 ya no son simple propaganda. Los vuelos de bombarderos chinos sobre Scarborough Shoal se han vuelto relativamente habituales, pero esta vez el detalle importante era el armamento. Los H-6 aparecieron con una mayor carga de misiles supersónicos YJ-12, diseñados específicamente para atacar grandes buques y grupos navales.
Al mismo tiempo, cazas J-16 escoltaban el despliegue mientras barcos chinos seguían de cerca a la flotilla multinacional liderada por Estados Unidos y Filipinas. Dicho de otra forma, Pekín está utilizando estos ejercicios para mostrar algo muy concreto: en un hipotético conflicto regional, intentaría saturar y mantener alejadas a las fuerzas navales estadounidenses mediante enormes cantidades de misiles antibuque lanzados desde tierra, aviones y barcos.
China está rodeando Filipinas con capas de presión militar. Más allá de los bombarderos, China desplegó el grupo de combate del portaaviones Liaoning y varios grupos de superficie armados con destructores Type 055, considerados algunos de los buques más potentes de la Armada china.
Uno de esos grupos realizó ejercicios de fuego real al este de Luzón, precisamente en zonas que Estados Unidos y Filipinas estudian como posibles rutas de refuerzo en caso de guerra. La idea estratégica china es cada vez más evidente: convertir el entorno marítimo filipino en una zona extremadamente peligrosa para cualquier intento estadounidense de mover tropas, suministros o refuerzos hacia Taiwán o el mar de China Meridional.
La guerra naval está cambiando por culpa de los drones. Al mismo tiempo que exhibe bombarderos y portaaviones, China también está acelerando la adaptación de su marina a una amenaza que ha transformado conflictos recientes como Ucrania o los ataques en Oriente Medio: los drones.
De hecho, Pekín acaba de presentar un nuevo sistema naval antidrón capaz de interceptar ataques furtivos y de muy baja altitud en entornos de guerra electrónica complejos. Las pruebas realizadas en el mar de Bohai muestran hasta qué punto la Armada china asume que los futuros enfrentamientos navales no dependerán únicamente de grandes barcos y misiles, sino también de enormes enjambres de drones capaces de hostigar o destruir buques mucho más caros.
El mar de China se está llenando de señales. La combinación de bombarderos con misiles supersónicos, destructores de última generación, portaaviones, bases artificiales y sistemas antidrón refleja algo más profundo que simples ejercicios militares.
China está preparando un entorno donde cualquier intervención estadounidense alrededor de Taiwán o Filipinas sería extremadamente compleja, saturada de amenazas aéreas, marítimas y electrónicas. Y lo más significativo es que ya no se trata solo de exhibiciones propagandísticas: Pekín está probando sobre el terreno cómo coordinar todas esas capacidades frente a fuerzas reales de Estados Unidos, Japón y sus aliados en una de las regiones más tensas del planeta.
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