La jornada laboral de buena parte de Europa lleva más de un siglo establecida con un límite máximo de ocho horas diarias. Ese límite representa el máximo de horas que puede trabajar un empleado al día. Sin embargo, Alemania está a punto de cambiar ese baremo para flexibilizarlo y eliminar la jornada diaria como métrica en la organización del trabajo para instaurar la jornada semanal.
Tal y como adelantaba el diario alemán Welt, el proyecto de ley llegará al Bundestag en junio de 2026. La idea no es que los alemanes trabajen más horas en total, sino flexibilizar la jornada laboral para que esas horas se puedan repartir de otra manera a lo largo de la semana.
Contar las horas por semanas, no por días. Lo que propone el gobierno es aparentemente sencillo: que la referencia legal deje de ser la jornada de ocho horas al día y pase a ser la de 48 horas por semana que establece su legislación. Con este cambio, ya no importaría cuántas horas se trabajan cada jornada, sino que el cómputo total de horas que se trabajan a lo largo de la semana no supere el máximo legal permitido.
De ese modo, un empleado podría hacer más horas un día a cambio de trabajar menos otro, o concentrar toda la carga en los primeros días de la semana y librar el resto. El gobierno lo presenta como una medida para flexibilizar la jornada laboral y facilitar la conciliación familiar, especialmente para empleados con hijos. Además, este cambio daría carta blanca a las empresas para reforzar las jornadas en aquellos días con más demanda, y reducir (o cerrar) su actividad cuando la carga de trabajo baja.
Qué dice ley alemana al respecto. En su artículo 3, la Arbeitszeitgesetz (Ley de Jornada Laboral) establece que ningún empleado puede trabajar más de ocho horas diarias como norma general, con una excepción de hasta diez horas en días puntuales, siempre que la media de los últimos seis meses no supere las ocho horas diarias. El tope máximo para la jornada laboral semanal, incluyendo horas extraordinarias, es de 48 horas.
No obstante, la ley también fija otros límites que condicionan la jornada laboral diaria de forma indirecta. Por ejemplo, estableces que entre dos jornadas trabajo, tiene que haber al menos 11 horas de descanso y, si se trabajan más de nueve horas seguidas, el trabajador tiene derecho a una pausa mínima adicional de 45 minutos. Estas reglas no son negociables por convenio colectivo y se aplican sin excepción a todos los sectores. Son, precisamente, las que el gobierno quiere tocar con la reforma.
Por qué ahora. El impulso definitivo para esta reforma llegó con la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE de 2019 y se apoya en la Directiva europea sobre el tiempo de trabajo (2003/88/CE) impuesta por la UE, que impone el límite máximo semanal en 48 horas, y obliga a todos los empleadores europeos a registrar las horas de trabajo diarias de sus empleados. Alemania, que hasta ahora no exigía ese registro de forma general, tiene que adaptarse a esa obligación.
La ministra de Trabajo, Bärbel Bas (SPD), ha incluido el registro horario electrónico en su proyecto precisamente como salvaguarda. Sin ese control, advierte Bas, la flexibilidad puede convertirse en un mecanismo de explotación en sectores con poca representación sindical, como el reparto de última milla y la paquetería. Es un reconocimiento implícito de que la norma, por sí sola, no basta para proteger a quienes trabajan en entornos más vulnerables.
Qué dicen los sindicatos y expertos. De acuerdo a lo publicado por el medio alemán Handelsblatt, la Confederación Sindical Alemana (DGB) ha sido la primera plataforma sindical en oponerse a la reforma. Su presidenta, Yasmin Fahimi, declaraba que «Estamos viendo intentos de cuestionar la jornada laboral de ocho horas o de socavar los sistemas de seguridad social. No toquen la jornada laboral de ocho horas».
Los sindicatos aseguran que, sin un límite diario, los trabajadores sin un convenio colectivo fuerte quedan expuestos a jornadas cada vez más largas sin ninguna barrera legal que lo impida. Para los sindicatos, la protección real no está en el total semanal sino en el control de lo que ocurre cada día. Ahí es donde tenía su fuerza la limitación de las ocho horas diarias.
Los expertos en derecho laboral de la Fundación Hans Böckler han calculado cuánto podría llegar a trabajarse en el escenario más extremo permitido por la normativa europea: 73,5 horas semanales. Una cifra teórica, pero posible si no existe ningún tope diario que lo frene. Varios estudios sobre salud laboral documentan que jornadas prolongadas sostenidas en el tiempo se asocian a mayor riesgo de errores, fatiga acumulada y descenso de la productividad, efectos que la reforma no contempla.
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