En una era dominada por teclados mecánicos, pantallas táctiles y tablets de última generación, el gesto ancestral de deslizar un bolígrafo sobre el papel parece un anacronismo reservado para las personas que no se han actualizado. Y esta es una realidad en ámbitos de estudios como, por ejemplo, las universidades, donde ya es raro ver a alguien estudiar a mano. Pero la realidad es que, para ser mucho más productivos estudiando, puede que lo mejor sea dejar el portátil de lado y comenzar a escribir.
La ‘magia’ del bolígrafo. Aquí la ciencia, en sus diferentes disciplinas, ha llegado a la conclusión de que tomar notas a mano mejora significativamente la retención y la comprensión en comparación con usar de manera activa los dispositivos digitales. Y no es una cuestión de romanticismo, es una cuestión de procesamiento neuronal.
Un efecto de transcripción. Uno de los pilares de esta evidencia está en un estudio publicado en 2014 que apuntó a que los estudiantes que usan portátiles para tomar notas se convierten en auténticos transcriptores de lo que dice el profesor. Y es que hemos llegado al punto en que muchas personas pueden escribir más rápido de lo que hablan los profesores y se convierten en «máquinas de transcribir» sin procesar la información y quedarse con lo más importante. Incluso he visto que hasta los chascarrillos se terminan copiando.
Por el contrario, quien escribe a mano no puede anotarlo todo. Esto le obliga a realizar un procesamiento cognitivo activo: debe escuchar, digerir, sintetizar y reformular la idea en sus propias palabras. Esta «dificultad deseable» genera una codificación mucho más profunda en la memoria que perdura incluso una semana después del estudio.
Mejor el papel. Más allá del efecto transcripción, la neurociencia ha confirmado que el beneficio no es solo estratégico, sino físico. Aquí, un estudio del 2021 publicado por la Universidad de Tokio demostró mediante electroencefalogramas que escribir a mano activa áreas cerebrales críticas para la memoria, el lenguaje y el movimiento fino.
Es por ello que, al usar un bolígrafo, se ha visto que se activa bastante el hipocampo, que es fundamental para la memoria y la codificación espacial de la información. Pero no se queda aquí, puesto que se ha detectado hasta un 25% más de conectividad neuronal en tareas complejas cuando se usa el método analógico. Esto explica por qué estudiantes de carreras de alta exigencia suelen rendir mejor cognitivamente cuando optan por métodos neuronales como las ingenierías.
Menos distracciones. Más allá de las neuronas, el papel ofrece una ventaja competitiva en el entorno de estudio, ya que es un sistema cerrado. Esto es muy importante porque una tablet o un portátil no deja de ser también una herramienta con puertas abiertas a notificaciones, redes sociales y apps de mensajería que puede ser una tentación a la hora de interrumpir el estudio con bastante facilidad.
Además, facilita el reconocimiento de palabras y la memorización visual, algo vital para oposiciones o exámenes de alto nivel como una oposición. Y aunque las notas digitales con un buen diseño pueden ser superiores para poder recordar un dato suelto rápidamente, el papel gana por goleada en la comprensión conceptual.
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